Berlusconi, sin mayoría y próximo a la dimisión
miércoles 09 de noviembre de 2011, 00:16h
Italia ha asistido expectante y espantada a una nueva votación agónica, donde Silvio Berlusconi ha conseguido la enésima victoria pírrica: el primer ministro consigue aprobar las cuentas del Estado del 2010, sin alcanzar la mayoría absoluta. El resultado cuestiona inevitablemente la futura estabilidad del ejecutivo, ya que la aprobación ha sido posible gracias al “acto de responsabilidad” de la oposición que ha decidido no votar en contra. Sin embargo, ha sido una muestra evidente de que el Gobierno no cuenta con la mayoría, mientras el país se asoma peligrosamente al abismo.
El voto de hoy certifica que Berlusconi es incapaz de seguir gobernando, ya que no cuenta con los escaños suficientes para seguir adelante. Hasta él se está dando cuenta y por eso, promete dimitir tras la aprobación de las reformas que le pide la UE. No obstante, podría tratarse de un gesto tardío, ya que la situación de Italia resulta alarmante. Su obsesión de permanecer en el poder ha convertido a Italia en el “enfermo de Europa”, un país al borde de la bancarrota y que puede que deba solicitar un rescate a Bruselas. Más que por la crisis económica, en los últimos meses, Berlusconi ha preocupado por alargar su agonía, a coste de la estabilidad y de la credibilidad del país. Sin embargo, la situación económica de Italia empeoraba constantemente, aumentando la desconfianza exterior hacia el país. Por eso resultó tan sorprendente la reacción de los mercados del otro día, cuando, ante el rumor de que Berlusconi pudiera haber dimitido, mostró una tendencia a la alza, demostrando, paradójicamente, que preferían la posible inestabilidad y la incógnita que supondría el cese del berlusconismo a la actual situación. La situación económica de Italia resulta muy preocupante: emblemático resulta el hecho de que la prima de riesgo del país, dato que indica la credibilidad de su deuda, haya alcanzado el máximo histórico.
El inmovilismo político de los últimos meses ha empeorado la situación italiana. Berlusconi parecía incapaz de entender que Italia necesitaba un programa de ajustes y unas reformas económicas ineludibles para reducir su endeudamiento y relanzar paulatinamente las actividades económicas nacionales, impulsar el desarrollo. Ahora bien, las posibles dimisiones representan un acto debido, de responsabilidad forzada, una decisión desesperada tomada ante la evidencia de la debilidad de su ejecutivo. El cambio de Gobierno resulta saludable: Italia necesita un gobierno fuerte, que, arrinconando el personalismo y el populismo de los últimos años, se preocupe de relanzar la economía nacional y favorecer la estabilidad política. Antes de que sea demasiado tarde, Italia, la séptima potencia mundial, debe empezar una etapa de recuperación, de la que se beneficiará también toda Europa, recobrando su credibilidad tanto económica como política.