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J.C Deus profundiza en la crónica negra de la dictadura

miércoles 09 de noviembre de 2011, 20:20h
No cabe duda de que la crónica negra de un país constituye un valiosísimo elemento a la hora de definir las características de su sociedad en un determinado periodo de tiempo. En el presente, la crónica de crímenes parece apuntar especialmente a la desaparición de menores que, por desgracia, acaban muchas veces convirtiéndose en homicidios, cometidos en ocasiones por sus propios amigos o compañeros de clase. Durante la última década, en España nos hemos conmovido, por ejemplo, con asesinatos de adolescentes cometidos por otros adolescentes y también con terroríficos casos de niños víctimas de arrebatos de locura o maldad, más o menos transitoria, de sus progenitores. Así, la frialdad de los jóvenes que estos días están siendo juzgados en Sevilla por el asesinato de Marta del Castillo nos sitúan en un escenario en el que los criminales “se las saben todas”, no muestran temor, mucho menos arrepentimiento, y son capaces – estando además en su derecho - de marear a la policía y al juez instructor, cambiando de declaración a cada instante sin que pueda verse en sus ojos signo alguno de compasión ante el sufrimiento de unos padres que lo único que anhelan ya es alcanzar ese extraño pero demostrado consuelo que consiste en velar unos restos para a continuación darles sepultura.

Como todo, también el crimen ha experimentado su correspondiente evolución y a pesar de una gran parte de la opinión pública se indigne con esos cambios en la confesión y la actitud incluso altiva que algunos muestran en sede judicial o directamente ante las cámaras de televisión, lo que todo ello refleja, al fin y al cabo, es que nuestra sociedad del siglo XXI se caracteriza porque cualquier imputado tenga derecho a ser juzgado con todas las garantías procesales incluidas en nuestro sistema penal. Nada que ver, por supuesto, con los años comprendidos entre 1939 y 1975, en los que podemos encontrar crímenes brutales cometidos en una época que, como en todos los regímenes dictatoriales, la verdad y la justicia con mayúsculas no eran, la mayoría de las veces, lo único que se trataba de hallar. El periodista y escritor José Catalán Deus ha realizado una minuciosa e interesantísima labor de investigación para reunir en un libro titulado “Criminales, Víctimas y Verdugos. Crónica negra de España (1939 – 1975) los casos criminales más relevantes de aquellos años, a través de los cuales conocer más en profundidad aquel periodo histórico de nuestro país. Por otra parte, el magnífico libro no se fija exclusivamente en los sucesos criminales propiamente dichos, sino también en la personalidad y circunstancias de las víctimas, de los declarados culpables, de los policías y jueces que tuvieron encomendada la investigación del correspondiente caso y, cómo no, de los verdugos que viajaban por las atrasadas carreteras de España junto a su macabro instrumento de trabajo, el garrote vil.

En sus páginas hay algunos asesinatos que aún resuenan en la memoria, como el crimen de la estanquera de Sevilla, el de la Envenenadora de Valencia, el asesinato múltiple cometido por el frívolo galán José María de la Cruz Jarabo o la espeluznante matanza de la Finca Los Galindos. El escritor madrileño profundiza, como no se había hecho hasta ahora, en estos y algunos otros casos que en su día conmocionaron a la sociedad de la época y sigue con inteligente esmero “la pista” de todos los que, desde uno u otro lado del crimen, desempeñaron algún papel en ellos.

Por otra parte, Deus reflexiona acerca de algunos procedimientos judiciales a todas luces inapropiados, denunciando el oscurantismo y la falta absoluta de corrección judicial de los mismos, cuyos responsables parecían más preocupados en encontrar a un culpable que en buscar al verdadero culpable. Deus combina esta minuciosidad a la hora de tratar cada crimen con una escritura tremendamente interesante, casi de novela de intriga, revelando infinidad de detalles hasta ahora ignorados. Y en este sentido, crímenes como el citado de Los Galindos o el del misterioso asesinato de un millonario y un vagabundo en la Costa del Sol, merecen una atención especial. En relación al primero, el autor recoge las diferentes teorías acerca de la autoría y ofrece los detalles de las investigaciones, levantando no sólo curiosidad sino un profundo interés por saber qué es lo que ocurrió aquella tarde calurosa de 1975 en el cortijo sevillano donde aparecieron los cadáveres de cuatro de sus trabajadores y la forma en la que, a pesar de los intentos – más o menos serios – de la investigación en señalar definitivamente a uno o más culpables, el caso sigue aún hoy sin estar claro. Igual que no lo está tampoco el que se cerró con la tesis de que el millonario de la Costa del Sol había matado al vagabundo en un intento de repeler la agresión de este, con el resultado final de ambos protagonistas muertos.

Sin olvidar el del que podría considerarse el mayor serial killer de nuestra historia, “El Arropiero”, bautizado al principio por la prensa como “El Estrangulador del Puerto”, quien una vez detenido, en 1971, se confesó autor de 48 asesinatos, muchos de los cuales no pudieron comprobarse, y que permaneció encerrado durante 26 años sin que la justicia se pronunciara en su caso. Es decir, sin juicio de ninguna clase. Ni siquiera cuando llegó la democracia con todas sus garantías legales lo hubo. Sorprendentemente, la “solución” del asunto recayó en la Audiencia Nacional y esta optó por sobreseer el caso, dejando confinado al Arropiero en un psiquiátrico hasta el final de su vida. En definitiva, tiraron la llave.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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