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En memoria de las víctimas: la victoria de la libertad y de la democracia

viernes 11 de noviembre de 2011, 00:04h
Ayer tuvo lugar en los jardines de Ajuria Enea un acto conmemorativo del Día de la Memoria, jornada dedicada a honrar la memoria de las víctimas del terrorismo. Este tipo de reconocimientos prácticamente no existieron durante el gobierno del PNV, y la reparación de semejante afrenta fue uno de los logros de Pachi López tras su llegada al poder. De ahí que no acaba de entenderse muy bien -¿o quizá sí?- la forma tan retorcida con que los socialistas vascos han estropeado lo que, en principio, era todo un acierto: en el acto de ayer, las víctimas de ETA compartieron protagonismo con las “otras víctimas”, si es que se les puede llamar así.

Las palabras de López al afirmar que “el que muere queriendo matar no es una víctima, sino un asesino frustrado” son ciertas y justas, pero llegaron tarde. Las familias de casi un millar de inocentes asesinados no merecen que se les meta en el mismo saco de quienes perdieron la vida por elegir el camino del asesinato, por igualmente lamentables que sean sus muertes. Desgraciadamente, la hoja de ruta marcada por ETA continúa su curso, seguida al dedillo tanto por nacionalistas como por el PSE, mal que le pese, algo desorientado tras el anuncio del cese de la violencia terrorista.

Que Bildu se acordase de “los suyos” no tendría que acomplejar al gobierno vasco. Ellos tienen su guión y hacen su papel: procurar convertir una derrota en una especie de abrazo de Vergara corrupto, con arreglo al cual sicarios y víctimas son iguales, un producto del “conflicto” político, cuyo reconocimiento debe ser el fundamento de “una paz” en Euskadi, en donde determinadas ideas y ciertos métodos quedan asumidos y justificados. Pero esa no es la paz de la libertad y de la democracia. Las víctimas –las de verdad, que no los verdugos- cayeron bajo una ideología totalitaria y una violencia repugnantes.

Un puñado de votos radicales no justifican en modo alguno los guiños de un partido socialista vasco que hasta ahora no se había desnortado, desvaríos aparte de Jesús Eguiguren. Más les valdría seguir por la senda de la unidad democrática. Porque –lo decimos una vez más en esta sección- de lo que aquí se trata es de proyectar en el País Vasco y en el resto de España la victoria de la libertad y el Estado de derecho. El único sentido que los demócratas pueden dar a tanto sacrificio es el de escenificar, para asentar en el País Vasco, una paz en libertad, pluralidad y tolerancia democráticas que condene y destierre para siempre el totalitarismo y sus métodos de violencia, coacción e intimidación.
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