Requiem por Berlusconi
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
sábado 12 de noviembre de 2011, 22:01h
Silvio Berlusconi ya no es el Presidente del Gobierno italiano. Tras una semana vertiginosa y tensa, el cavaliere se ha visto obligado a dimitir. La noticia que muchos esperaban ya es realidad. Se respira una sensación de “fin de época”. Tras 17 largos años, parece que ha llegado el día de escribir la necrológica política de Berlusconi, el hombre que entró en política prometiendo menos impuestos y un nuevo milagro económico italiano, un país “vincente come il Milan”. Nada más lejos de la realidad: deja un país dividido, más pobre y al borde del abismo. Según la OCDE, entre 2001 y 2011, Italia es el país que menos ha crecido, solo por detrás de Zimbabue y de Haití, y el que más se ha endeudado.
No se trata del fin de un gobierno normal, sino más bien de la conclusión de un largo régimen: incluso su final ha sido anómalo, no habiéndose retirado a tiempo. Berlusconi ha intentado ganar tiempo, alargar su agonía en la esperanza de recuperar-recomprar a los traidores y/o guiar las reformas exigidas por la UE para que no perjudicasen sus grandes intereses económicos. Su decisión de posponer la dimisión –un acto debido, de responsabilidad- no tranquilizó a los mercados: Berlusconi, sabio estratega y viejo zorro, cuenta con un historial de promesas incumplidas, tanto que sus declaraciones no generaban la confianza necesaria. Sin embargo, ahora que esto es real, se espera que la situación económica de Italia mejore.
No han sido los escándalos sexuales, ni los problemas judiciales, ni el conflicto de intereses sino los mercados quienes forzaron su dimisión. No obstante, lamentablemente, esa será la última imagen que guardaremos de él: un megalómano irresponsable, que se ha agarrado al poder hasta el final. Se le recordará como el sultán, el caimán, el tirano, el Capo que anhelaba sobrevivir por encima de la ley, anteponiendo su propia legitimidad institucional a la de las instituciones, cuestionando constantemente el Estado de derecho. Berlusconi se va, decepcionado y triste, ya que sale del escenario como un perdedor: soñaba salir “a hombros por la puerta grande”, mientras que desaparece cabizbajo entre las risas de Merkel y de Sarkozy, la incredulidad de la izquierda que percibe el vacio post-Berlusconi, las reprensiones de la Unión Europea, los sermones de los católicos airados con su libertinaje y la euforia de un país estremecido y harto de una gestión personalista del poder alejada de los intereses reales de los ciudadanos.
En su particular Idus Martii, quiso “morir” como Julio Cesar, mirando a la cara a los conspiradores. No era un gesto de coraje, sino un intento de amenaza: recordar a los traidores que le debían todo lo que tenían. No fue suficiente, ya que la votación selló el final de un ciclo, rubricando el ocaso del berlusconismo, mostrando los peligros de construir el propio poder en una base de clientelismo y fidelidades personales. Desde 2008, su mayoría absoluta se fue desmoronando lentamente y su ejecutivo debilitando.
¿Cómo le recordarán las generaciones venideras? Probablemente más que por su acción política (nula), sus leyes ad personam (muchas) o reformas (menos que nula), este gobernante pasará a la historia por su particular sentido del humor, su espontaneidad calculada, sus frases provocadoras. Se le recordará cómo aquel que bromeó con el color de la piel de Obama; dispensó consejos sexuales a una prostituta; insultó Merkel, Bindi y otras mujeres por su aspecto físico; patinazos acerca de los homosexuales, el islam, Mussolini…el hombre del bunga-bunga. Asimismo, se recordará su obsesión por la justicia, su obstinación por permanecer en el poder, la vergonzosa compra de parlamentarios. Resumiendo, una etapa negra para la historia política italiana.
Berlusconi se va y aunque dará algún coletazo y aún herido intentará lanzar los últimos golpes, finalmente Italia pasará página y empezará una etapa de desberlusconización. Le espera una etapa de incógnitas e incertidumbre, aunque optimistamente se siente la percepción generalizada de que “lo peor ha pasado”. Despidiéndose de Berlusconi, The Economist parodiaba la célebre frase de los dibujos animados de la Warner Bros: “That's all, folks”. Eso es todo, amigos: al menos, eso esperamos…
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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adonofriohotmailcom/9/9/17
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