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Italia pasa página, dispuesta a recuperar la confianza

domingo 13 de noviembre de 2011, 09:05h
Tras la votación de la Cámara de los Diputados, finalmente Italia ha aprobado las medidas de austeridad demandadas por la Unión Europea para intentar, de esa manera, evitar el colapso de la Eurozona. La aprobación de estas reformas representaba la conditio sine qua non para que Silvio Berlusconi presentase su dimisión. Así ha sido y se espera que la noticia sirva para tranquilizar a los mercados, preocupados por la grave situación de Italia y por el déficit de credibilidad del Gobierno Berlusconi. Aunque se abre una etapa de incertidumbre, es probable que el Presidente de la República, Napolitano, que en estos días ha actuado decididamente presionando al Parlamento para que actuara con rapidez, encargue la formación de un Gobierno técnico, guiado por Mario Monti, antiguo Comisario Europeo.

No se trata del fin de un gobierno normal, sino más bien de la conclusión de un largo régimen: incluso su final ha sido anómalo, no habiéndose retirado a tiempo. Berlusconi ha intentado ganar tiempo, alargar su agonía con la esperanza de recuperar los números necesarios para gobernar o guiar las reformas exigidas por la UE de manera que no perjudicasen sus grandes intereses económicos. Su decisión de posponer la dimisión –un acto debido, de responsabilidad- no tranquilizó a los mercados. Ahora que esto es real, se espera que la situación económica de Italia mejore.

Italia, el enfermo de Europa, vive una situación político-económica preocupante: en los últimos días, la prima de riesgo se ha disparado, los inversores han mostrado su desconfianza, las bolsas han caído. Su situación amenaza el futuro de la zona euro y no se debe infravalorar el peligro de contagio de otra de las economías grandes, España in primis. En este sentido, es preciso ser conscientes de los volumen económicos en cuestión: España e Italia no son Grecia, Irlanda o Portugal. Se trata de criaturas económicas de otra dimensión; por ello, no son “rescatables” y pueden llevarse el Euro por delante. El cambio de Gobierno parece una necesidad inevitable: Italia necesita un Gobierno que impulse un programa de ajustes y unas reformas económicas ineludibles para reducir su endeudamiento y relanzar paulatinamente las actividades económicas nacionales e impulsar el desarrollo. El país debe aplicar de forma firme y sostenida las reformas necesarias para emprender una etapa de recuperación y evitar que su difícil situación tenga repercusiones negativas en la economía de otros países de la UE. Asimismo, Italia debe recuperar su credibilidad internacional y generar confianza en los mercados. Se trata de una difícil tarea, pero no imposible teniendo en cuenta los recursos con los que cuenta la séptima economía del mundo.

Tras la dimisión de Berlusconi se abre una incierta etapa política, con el espectro de las elecciones anticipadas nuevamente presente. Napolitano empezará la ronda de contactos para intentar formar un nuevo gobierno sin Berlusconi. La formación de un Gobierno técnico con una personalidad al frente que ponga de acuerdo a todas las fuerzas políticas puede servir para sacar a Italia de esta difícil situación. Se trataría de una solución paliativa, una panacea temporal. No obstante, Italia necesita cambios duraderos y un Gobierno que tenga la estabilidad y la eficacia entre sus prerrogativas. Está en juego no sólo el futuro de Italia, sino de toda la Unión Europea.
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