La prisión de la deuda
jueves 17 de noviembre de 2011, 21:18h
Cuando se escribe bajo la presión de un diferencial de tipos de interés en bonos a 10 años españoles respecto a los alemanes que sobrepasa los 450 puntos el 15 de noviembre de 2011, parece bastante lógico volver la vista atrás y, entre los periódicos extranjeros que recibo, extraigo del “Tuscaloosa News” de prácticamente un año antes, el 30 de noviembre de 2010 un artículo. Lo firmaba un Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, y lo titulaba “Spain: a prisioner with no options”. Según este artículo, España había quedado prisionera del euro. No era ya capaz del “deseuronizarse”. Al permanecer dentro de ese patrón monetario, el déficit exterior iba a continuar, porque no teníamos posibilidad alguna de escapar de una situación muy poco competitiva en precios, con una economía muy abierta, a causa del patrón euro. Estados Unidos con su dólar o Gran Bretaña con su libra esterlina, maniobran a su placer, para lograr mejores condiciones de competitividad y de reactivación. Eso era inimaginable para un país de la Eurozona como España.
El cepo, al ir a apoderarnos de una situación monetaria prestigiosa como era el euro, se nos había caído encima. España no tenía escapatoria alguna para Krugman. No quedaba otro recurso, señalaba éste, que disminuir los precios y los costes internos, hasta situarnos al nivel de otros países. Pero, ¿esto se puede hacer con facilidad? Evidentemente, por mucho que nos revolviésemos en la jaula, hace exactamente un año a Krugman le parecía que la política de Rodríguez Zapatero?Solbes?Salgado?Campa más aumentaba que disminuía las rejas. ¿Cómo salir de la prisión causada por una deuda pública y privada creciente, con, además unos salarios que crecían más rápidamente que los de otros países de la Zona del Euro, con una inflación larvada, que pronto se situaría en una tasa del 3%, y con unos tipos de interés crecientes?
Sin embargo, afortunadamente para España, existen aún posibilidades de roer las rejas de la trampa, y escapar del peligroso trance en el que vivimos. En primer lugar, es preciso que los mercados financieros perciban que la política Rodríguez Zapatero?Solbes?Salgado?Campa, se ha esfumado definitivamente. Que, como consecuencia del resultado electoral del 20 de noviembre de 2011, va a surgir una política económica muy diferente. Esto exigirá que, en los próximos meses de finales de noviembre y diciembre, el nuevo Gobierno muestre de qué modo va a comenzar a liquidar la pésima herencia recibida. Si hace esto, renacerá la confianza con España, se desvanecerá la idea de que, se repitiese lo que sucedió en julio de 1823, al despedir Fernando VII a los liberales y entonces repudiar los 2.717 millones de reales que constituían la Deuda heredada. Fue el momento en que en la City londinense se constituyó el famoso Committee of Spanish Bondholders. En el mismo momento en que se presenta un racional programa de política económica, el prisionero español verá como la mejora en el riesgo país comienza a abrirle una puertecilla por donde iniciar la huida.
Naturalmente ahí no acaba la tarea, porque debe completarse, de inmediato, para ensanchar inmediatamente el agujero con un esfuerzo de reorganización del sistema fiscal, que incluye tanto al Estado como a las Autonomías, y en algún grado, a las entidades locales. Algo parecido a lo ocurrido con los Länder alemanes, pero en España de modo enérgico, refundiendo tareas económicas, unificando programas, reduciendo, o incluso liquidando, multitud de gastos. La oferta de deuda pública tiene que caer, de inmediato, porque si eso no ocurre, los altos tipos de interés, atraparán cualquier solución. Probablemente será necesaria alguna acción complementaria, como el alza del IVA, para la baja en las contribuciones de la financiación de las pensiones, o el alivio en el impuesto de sociedades
Pero esto sólo sirve –y ya es importante? para rebajar los intereses. La gran batalla ha de darse en los costes. Y éstos exigen desde un cambio radical en el mecanismo de contratación laboral como en la política energética; simultáneamente, en la política intervencionista de las Autonomías –que también debe ser liquidada al homogenizarla con el conjunto nacional? como con la reorientación de la construcción de infraestructuras, para adaptar la mejoría en la renta de situación de España rodeada ahora, por primera vez en su historia, por el tráfico creciente entre el mundo asiático, australiano y de la India con la Europa central y nórdica. Hace muchos años que esto fue profetizado por Romano Prodi.
Simultáneamente se debe observar que disminuyen los trámites burocráticos, que aumenta el funcionamiento del mercado libre y, para la etapa siguiente, la que liquida todas las rejas, que se alteran los mecanismos educativos –con unos cada vez más exigentes y diferentes de los actuales? y con una vinculación cientificotécnica con el mundo empresarial.
Complétese con una política exterior que no nos hunda, con una Política Agrícola Común mal defendida diplomáticamente, las posibilidades agropecuarias, y como presencia creciente en el ámbito europeo.
Si todo esto se pone en cadena pronto es seguro que algún Krugman escribirá un artículo titulado algo así como “la liberación del cautivo pueblo español”, el cual, de otro modo, se encontraría en condiciones peores que Cervantes en sus prisiones africanas.
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Economista
Juan Velarde Fuertes es catedrático emérito de Economía
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