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Italia ya tiene nuevo Gobierno

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
sábado 19 de noviembre de 2011, 19:33h
Tras el voto de confianza del Parlamento, Italia tiene oficialmente nuevo Gobierno, guiado por Mario Monti, que brilla por la ausencia de políticos y la presencia de tecnócratas. Se trata de un Gobierno técnico, formado por un grupo de notables en sus campos respectivos. La entrada en escena de los técnicos, llamados como “solucionadores” en socorro del país, parece sellar un retorno a la etapa de la Democracia Cristiana, a un gran centro católico-tecnocrático.

En un primer análisis, parece que el Gobierno Monti goce de la confianza de la Unión Europea, de la ilusión de los italianos ansiosos de cambios y del placet de la entera clase política italiana. No obstante, le espera un camino realmente duro. En primer lugar, deberá preocuparse de aplicar las medidas económicas necesarias para relanzar un país, peligrosamente endeudado y sin crecimiento ni desarrollo. Devolver confianza y credibilidad a un país en crisis económica e institucional. El manifiesto deterioro institucional ha avivado el escepticismo ciudadano contra un sistema político ineficiente, una clase política irresponsablemente centrada en pugnas partidistas.

Tras la seriedad y competencia de este nuevo Gobierno, se esconde una evidente fragilidad política. El apoyo coral de los partidos es producto de una mezcla de convicción y constricción, fruto del saber que no le quedaban muchas alternativas y el voto adelantado representaba una alarmante incógnita. Las dolorosas medidas que Monti deberá adoptar necesitan contar con el aval de un Parlamento, mostrando así que cuenta con una autonomía limitada. Estará obligado a entenderse con la clase política, ya que la aprobación de las reformas necesitará el voto de las Cámaras. Los partidos votarán estas medidas siempre pensando en las futuras elecciones, intentando complacer a su electorado y culpando al adversario político de la actual situación. Deberán mostrar madurez política y sentido de responsabilidad, superando, en un tiempo breve, años de conflictos y antipatías. Resulta un error pensar que será un gobierno apolítico, ya que más bien intentará ser ajeno a los partidos.

Una de las cuestiones que se debate concierne a la legitimidad del Gobierno, no habiendo sido refrendado por las urnas. Hay un importante matiz que remarcar: la elección del Presidente del Gobierno de Italia no es directa –como en el caso de los EEUU-, sino, tras el voto, es designado por el Presidente de la Republica y necesita el apoyo del Parlamento de Italia. Suele ser miembro del partido político más votado, pero no se trata un presidencialismo directo, y ya habido excepciones. En este cuadro, Monti cuenta con el apoyo de Napolitano y ha registrado en la Cámara de los Diputados el voto de confianza más numeroso de la historia del país. Aún así, es cierto que en la formación del Gobierno de los “sacrificios”, los ciudadanos no han tenido voz directa, no pudiendo elegir el partido en quien confiar su esperanza de recuperación. Y, de la misma manera, no se puede negar el peso que ha tenido Europa, los mercados y los bancos en la elección de Monti, considerando a los técnicos como los únicos capaces para remediar los errores de los políticos.

Por otro lado, celebrar la definitiva salida de Berlusconi del escenario político italiano parece prematuro: el cavaliere intentará –con todos los medios- volver al poder. Por eso sería un error dar el berlusconismo “por muerto”, aunque, como dijo un cómico italiano, han pasado más de dos días y aún no ha resurgido. Cabe esperar que el ex Presidente intente actuar a la sombra, especulando sobre los momentos difíciles que vivirá el país, sin considerar que muchas de estas medidas no quiso ponerlas en marcha debido a su coste político.

Italia ha pasado de la videocracia de Berlusconi a la tecnocracia de Monti o, como alguien ha dicho, del “bunga bunga” al “banca banca”. Más seriedad y sobriedad, menos machismo y espectáculo. Su discurso de investidura no ha sido un show televisivo, no ha habido chistes y, a diferencia de su predecesor, ha permanecido en el Parlamento durante todas estas jornadas, sin dormirse o delegando su presencia a un ministro. No obstante, la situación resulta muy grave: se trata de reconstruir el país en cada campo. Desde el punto de vista ético y moral, en lo que concierne a la economía y a las instituciones, Italia necesita cambios, pasar página. El país busca estabilidad y a este gobierno, nacido con las mejores intenciones, le espera una difícil navegación parlamentaria. Si el parto ha sido difícil, su vida lo será aún más, esperándole un durísimo porvenir. Este Gobierno deberá poner en marcha duras reformas (económicas, fiscales y, ojala, del sistema electoral), mostrando que la decisión de poner los técnicos en lugar de los políticos depende del hecho que, como sabiamente afirma Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo: “Todos [los políticos] sabemos lo que se necesita hacer para salvar el euro, lo que no sabemos es cómo ser reelegidos después”.

Ps. De este nuevo Gobierno, al menos, me consuela que el próximo Ministro de Agricultura no está acusado de asociación mafiosa…

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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