www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Hay que ir a votar

domingo 20 de noviembre de 2011, 09:07h
Para muchas cosas pero, sobre todo, para restablecer con firmeza el principio de legalidad. La normalidad fue la nota predominante de la jornada de reflexión de ayer sábado, excepción hecha de un reducidísimo grupo de “indignantes” que volvieron a concentrarse en Sol. Nada que ver con las últimas elecciones autonómicas y municipales del pasado 15 de mayo, donde unos pocos tomaron los espacios públicos de todos ante la pasividad del Gobierno.

Esa precisamente debe de ser una de las primeras tareas que emprenda el nuevo Ejecutivo: restaurar el imperio de la ley. Parecería una obviedad, pero no lo es tanto. Junta Electoral Central, Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional prohibieron en mayo las concentraciones en plazas y calles a pocos días de la jornada electoral; sin embargo, dichas prohibiciones cayeron en saco roto porque quien debía hacerlas cumplir, el Gobierno, no lo hizo. Actuaciones así restan sobremanera la credibilidad de un país, en todos los sentidos, y las consecuencias a la vista están. Sean muchos o pocos los “indignantes” de Sol o de otros puntos de la geografía española, es más grave el hecho –la desobediencia de las resoluciones judiciales y la indiferencia de los gobernantes- que su número en sí. No olvidemos que el origen de la democracia es un acuerdo de reglas, iguales para todos los ciudadanos. Un pacto en derecho, en el cual, la consecuencia, por vía de los hechos, consiste en que, a mayor participación popular, mayor law inforcement, hacer cumplir la ley. El título del historiador americano, Martin Ostwald, resume la idea: De la soberanía popular a la soberanía de la ley. Desde la Teogonia de Hesiodo, el poeta y teólogo de la pólis, el gobierno de la ciudad es esencialmente díke, justicia. Una característica de la ciudadanía que no se le escapó a Herodoto: los atenienses, nos explica, no tienen dueño, pero son siervos de la ley. El vínculo entre politeia y organización de la justicia – que aparece subrayado en el escrito aristotélico, titulado La Constitución de Atenas- es fundamental. Sobre todo, en el origen y desarrollo del sistema democrático.

Por eso, hay que ir a votar. Quienes hoy salgan elegidos en las urnas serán quienes representen al conjunto de la sociedad española. Legítimamente representada, por otra parte -pese a lo que digan los antisistema-, pues para eso hay una democracia que facilita la elegibilidad de cualquiera que cumpla con las normas. Buena prueba de ello son las numerosas opciones que cada elector tiene en la mesa que contiene las papeletas de las distintas formaciones políticas. Un gobierno fuerte, ampliamente respaldado en las Cámaras, y una oposición responsable, unidos ante las duras medidas que hay que tomar –antes de que las tomen por nosotros- es el mejor mensaje a los mercados.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios