Tribuna
Mi querido Presidente
miércoles 23 de noviembre de 2011, 08:41h
Ante todo, enhorabuena por su gran victoria en las urnas y felicidades por su exitosa estrategia para ganarse la confianza de esa rotunda mayoría de ciudadanas y ciudadanos españoles de todos los rincones de la nación, que le ha llevado a batir records indiscutibles. Ha hecho bueno el dicho de que “a la tercera va la vencida”, como ya lo hicieran sus predecesores González y Aznar, y, muy probablemente, esto ha sido posible gracias a su capacidad para mantener el rumbo en las aguas turbulentas de su partido y la moderación en su ejercicio de la tarea de oposición durante las dos últimas legislaturas, no exenta de errores. Es cierto que ha ganado sin una gran valoración en las encuestas y sin encandilar a la sociedad española con programas de superoferta o arrebato ideológico, pero eso puede ser una ventaja para Ud. y para todos, si consigue superar el frío de las expectativas con el acierto en una gestión exitosa. Esta será lo mejor para Ud., para su partido y para toda la nación. Ud. y su partido van a contar con una concentración de poder institucional, nacional y territorial, desconocida en nuestro país y sabe que eso es una gran oportunidad, no exenta de riesgos democráticos. Pero, la crisis que vive nuestro país no tiene precedentes y va a tener que gobernar con la mayor limitación de soberanía desde la invasión napoleónica. No cabe duda que la gran crisis es la económica, pero ésta ha hecho aflorar una importante fatiga institucional de nuestro modelo constitucional y, también, un importante descrédito de la política y los políticos. A todo ello tendrá que responder con acierto y a todos nos conviene que lo tenga, si somos bien nacidos y creemos y queremos a nuestra nación. Por eso, el primer buen gesto que se espera de Ud. será que, en lugar de reaccionar con la arrogancia legítima del ganador, lo haga con la generosidad de quien sabe que debe traspasar sus propias fronteras electorales, ideológicas y sociológicas para contar con todos y sumar fuerzas en una titánica y urgente tarea de regeneración nacional.
Pena que la causa que está detrás de su éxito no le permita pararse a celebrarlo demasiado. No estamos para celebraciones, porque la crisis no nos está dando tregua ni en plena campaña electoral, volviendo a aparecer el fantasma de la recesión, con la crisis de los mercados de deuda soberana, el hundimiento de las bolsas y la amenaza de crisis bancaria. Una segunda recaída, ahora, tal como se encuentra la convalecencia de la economía mundial, sería mortal de necesidad para el sistema bancario, el Euro y algunas de las economías “ricas”, entre ellas la española. La alarma era, y es, evidente y las incertidumbres que se ciernen sobre nuestras cuentas públicas y los mercados ponen a prueba a toda la élite política y económica occidental. Pero, sobre todo, le van a poner a prueba a Ud. y a su gobierno, y con ustedes a todo el país. Van a tener que responder al reto voraz de los mercados y a los mandatos del directorio europeo con inteligencia y energía para ganarse su confianza, pero van a tener que hacerlo sin perder la de los españoles. Estos demandan dignidad y respeto internacional, pero quieren crecimiento, empleo, cohesión social, mantenimiento de los grandes servicios públicos y una nueva modernización de nuestro aparato productivo, en el que el sistema educativo y de ciencia juegan un papel estratégico de primer orden. Seguro que sabremos ajustarnos, de nuevo, el cinturón, si se nos explica bien, a tiempo, con deliberación estratégica, con equidad y un gran consenso social y político. Uds. Tienen la fuerza necesaria para conseguirlo, pero no deben caer en el error arrogante de intentarlo en solitario.
Sin embargo, creo que el futuro de España no es posible sin el impulso político de la confianza en todos los ámbitos, el consenso, la regeneración democrática y la cohesión social. Por eso, yo deseo y espero de su gobierno que recupere la senda, que nunca debiéramos haber abandonado, de la búsqueda de grandes acuerdos, sobre todo, con el principal partido de la oposición y los agentes sociales en la estela de los Pactos de la Moncloa y de las políticas europeas de gran coalición o, cuando menos, de unidad y consenso nacionales. Además, le recomiendo una agenda de reformas institucionales profundas, incluidas las constitucionales, que mejoren nuestra calidad democrática y en la línea de una efectiva separación de poderes (despolitización de muchas instituciones fundamentales), mayor transparencia y rendición de cuentas (ley de transparencia), mejor representatividad del pluralismo (ley electoral), mayor participación ciudadana y mayor eficiencia de las administraciones públicas (reforma y redimensionamiento profundos). Como enseñante e investigador veterano, espero que, por fin, podamos construir un gran pacto por la calidad de la educación y la financiación de la universidad y la investigación. Y, finalmente, le sugiero una reforma seria del modelo autonómico y su financiación en un claro horizonte federal, que lo estabilice y lo cierre definitivamente. No quiero despedirme sin reiterarle mis mejores deseos de suerte y acierto por el bien de nuestro país.