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Interpretaciones vanidosas

viernes 25 de noviembre de 2011, 21:34h
Mi tío Antonio tiene una frase de cabecera que repite casi continuamente, “no hay palabras mal dichas, sino mal intrepretadas”, él se la atribuye a Unamuno, yo la verdad es que no me he informado de quién fue el artífice del comentario realmente, y de que mi tío Antonio sepa realmente quién la dijo, no estoy del todo convencido, pero lo que si puedo afirmar es que la frasecita tiene su aquel.

Digo esto porque desde luego la mala interpretación de las palabras la estoy sufriendo en mis propias carnes de un modo completamente aterrador y negativo.

Hace un par de días se ha publicado una entrevista en la revista Vanity Fair a un hombre, en la cual éste no sale ni mucho menos bien parado. Él, siempre discreto y nada amante del mundo de la farándula se prestó a conceder un reportaje que en principio iba a consistir en una sesión de fotos de moda y un perfil de su personalidad que, suponía, no tuviera mayor repercusión, salvo por la importancia de la revista. Un reportaje normal, de los muchos que hasta entonces había hecho. Sin más.

El personaje llega con total tranquilidad al estudio dónde las fotos iban a realizarse y atiende cortésmente a todos los integrantes del equipo técnico que, cierto es, se portan de maravilla con él. Tras una sesión de fotos de más de cinco o seis horas de duración y en la que accede a prácticamente la totalidad de las peticiones que le hacen en plan postura así, mirada asá, póngase este chaquetón y ahora esta camisa, llega la hora de realizar la entrevista que completa al reportaje fotográfico.

En una salita, dos personas, el entrevistador y el entrevistado. Dos paquetes de tabaco y un par de coca-colas. Comienzan las preguntas. A la vez, empiezan las sorpresas. Cuestiones duras y un tanto fuera de lugar hacen pensar al hombre que el periodista tiene ganas de carnaza. De este modo, procura medir sus palabras. Decide no entrar al trapo, no vaya a ser...
El reportero alude continuamente a una serie de artículos ya publicados por el entrevistado en este periódico, elimparcial.es, a modo de obtener su visión sobre determinados temas de los cuales éste ha escrito. Y esos temas tales como prostitución, violencia de género y malos tratos, política..., etc, son respondidos y explicados sin ningún tipo de cortapisa. Desde diferentes puntos de vista, y siempre haciéndose cargo de que sobre ciertos temas, por muy duros y polémicos que éstos sean, pueden existir distintas visiones, ya que la verdad absoluta no existe, y en las cabezas de los seres humanos, como imperfectos y distintos unos de otros, caben todo tipo de opiniones y cambios de las mismas, dependiendo de las circunstancias vividas. Así, la entrevista, se convierte en una conversación entre dos personas que expresan libremente opiniones y hacen comentarios unas veces irónicos, otras bromistas, y en muchos de los casos cargados de seriedad, sin más.

En un momento determinado es el periodista quién se queja, ya que sobre determinados temas relacionados sobre su vida privada y la de sus más allegados, el personaje no entra al trapo con sus preguntas y se limita a echar balones fuera. “Pero es que esa es mi postura y no la pienso cambiar”, afirma con rotundidad. Y así fue como continuó en todo momento.

Más de dos horas y media de conversación en la cual todos los temas tratados fueron explicados desde distintos puntos de vista y siempre desde la comprensión y el respeto a las actitudes de los hombres analizando distintas circunstancias y barajando posturas divergentes, dieron lugar a una publicación en la que los textos ocupan tres páginas de las cuales el titular más importante ha sido “nunca he ido de putas pero seguramente me haya acostado con varias”. Manda pelotas el tema...

Pues eso, así ha sido. Y ahora paso a hablar en primera persona, porque el damnificado soy yo. Desde luego, ni que decir tiene que la transcripción de la entrevista no ha sido la más acertada, y que si se ha buscado presentarme como un ser vacío y egoista, dar una imagen mía completamente distinta de la habitual, el éxito ha sido absoluto. Si se ha buscado llamar la atención, desde luego que también. Lo que bajo ningún concepto se ha buscado, es llegar al fondo de mis palabras. Captar la ironía o la transigencia respecto a determinadas actitudes de distintas personas, ¡ojo!, no propias, que pudiendo dejarse llevar por distintas circunstancias o sufriendo en sus carnes diferentes penas, actuaran de tal o cual forma.

Así, yo quiero dejar muy claro desde aquí, por si aún cabe cualquier duda, que YO, el firmante de este escrito, NO APRUEBO NI APROBARE NUNCA NINGÚN TIPO DE VIOLENCIA HACIA LA MUJER. COSA QUE ME REPUGNA, y que tal y como está presentado en el reportaje, no queda del todo claro. Lo que quería expresar, y ahora espero que se entienda, es que, como seres imperfectos que somos, y aunque todos tengamos las cosas muy claras,yo al menos, no pondría nunca la mano en el fuego por nadie. Nada más y nada menos. Y esto no es más que una crítica. Hacia nosotros mismos. Una crítica y a la vez un ejercicio de indulgencia hacia nuestro propio ser. Y es que muchas veces, determinadas coyunturas mandan. Las personas no dejan de sorprender. A los demás e incluso a sí mismos.

Que nunca haya pagado a una puta, ni me haya acostado con una. Así es. Que quizás alguna vez lo haya hecho sin saberlo, pues quien este libre de pecado..., ahora eso sí, seamos listos por favor, que la palabra puta, además de prostituta, también encierra el significado de despreciable o fastioso, o molesto..., ¿por qué buscamos siempre lo peor?, ¿la peor de las acepciones?,¿la que alimenta el morbo?... será que somos todos perfectos y los errores del prójimo, esos sí son criticables(y ahora he empleado la ironía, que parece que haya que explicarlo todo).

Y así sucesivamente podría enumerar mil y un ejemplos acerca de la distancia entre lo dicho y lo reflejado, pero para qué seguir, creo que a buen entendedor pocas palabras bastan, y ésto era lo que más me preocupaba aclarar. Y no solo por un profundo respeto a la mujer, sino porque me molesta, y mucho, quedar como un auténtico patán por la mala interpretación de las palabras.

Ah!!!!, y sobre la alusión absurda y gratuita esa al asunto caché, para quien lo quiera saber, yo no soy ningún frívolo que se pueda ir contratando por ahí para hacer el baile de la pañoleta. Quede claro. Y por si queda alguna duda más, ni egoista, ni resentido, únicamente claro, y sobre la imagen de crápula, rebelde sin causa o caretas semejantes, nada más lejos de la realidad. Así son las cosas.
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