La coherencia de José Blanco
sábado 26 de noviembre de 2011, 00:42h
José Blanco aprovechaba la primera rueda de prensa posterior al consejo de ministros del Gobierno ya oficialmente provisional para anunciar su adiós. Sus razones son fácilmente entendibles: habiendo sido la mano derecha de Zapatero durante estos casi ocho años, a la par de número dos del PSOE, justo es que ligue su suerte a la del presidente saliente. Con este gesto, Blanco asume una corresponsabilidad insoslayable tanto en la nefasta marcha de la economía y la deriva nacionalista del PSOE como el la última debacle electoral. Niega, eso sí, que su retirada parcial de la política -no entrega su acta de diputado por Lugo- se deba al caso “Campeón” aunque, habida cuenta de las informaciones que han ido conociéndose, lo más ético sería que renunciase a su escaño y, por ende, a su blindaje como aforado.
Con todo, Blanco pasa a segunda línea, y justo es reconocérselo. Sobre todo, cuando más de uno en su partido sigue aferrándose a la poltrona. Es el caso, entre otros, de Alfredo Pérez Rubalcaba, cara visible de la última derrota socialista. Nadie duda de su preparación y valía personales, más acentuada aún si se le compara con los Zapateros, Pajines, Chacones y Madinas de turno. Pero precisamente por eso, su responsabilidad es aún mayor, pues, lejos de alzar la voz ante todo lo que estaba pasando durante estas dos legislaturas, hizo de su omisión una acción en toda regla. Otros, como Jordi Sevilla, visto el cariz que tomaban los acontecimientos, dieron un paso a tras. Qué decir de personajes tan relevantes dentro del seno del PSOE como Almunia o Leguina, sumamente críticos con una realidad que pocos en Ferraz o Moncloa parecían querer ver o reconocer.
Hoy hay ejecutiva federal, con un PSOE en estado de shock tras los pasados comicios. Es una buena ocasión para que gentes en la misma tesitura que José Blanco sigan su ejemplo y dejen paso a que otras caras nuevas arreglen el desaguisado que los “jóvenes turcos” han perpetrado.