¿Lo está haciendo bien Rajoy?
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 30 de noviembre de 2011, 21:27h
La situación en España es de tal gravedad que numerosos comentaristas, de la izquierda y de la derecha, urgen a Rajoy para que se pronuncie, para que concrete su programa de reformas, para que anuncie la composición del Gobierno.
Tal se diría que los interlocutores internaciones de quienes dependemos parecen más tranquilos que los propios, y eso que los nuestros han aguantado seis meses (desde el anuncio de renuncia de Zapatero) con toda pachorra a la espera de las elecciones.
Después de ellas, todo se ha acelerado. Rajoy tiene que ponerse la capa de supermán y rescatar de golpe a todos los parados, a las empresas quebradas, a los bancos ahogados, a la prima de riesgo y a la tía de la deuda soberana.
¿Qué es lo que no ha hecho Rajoy en estos diez días? Una rueda de Prensa. ¿Qué es lo que ha hecho? Se ha reunido con las entidades financieras, con los sindicatos y con las organizaciones empresariales. Es cierto que no ha leído el discurso de investidura en la televisión, pero sí ha sacado a la palestra las generales de la ley: reforma del sistema financiero, reforma laboral y posicionamiento europeo.
Rajoy no ha empezado a gobernar, pero sí ha puesto fecha al acuerdo social: el seis de enero. No hay tiempo para más. No ha visto a Ángela Merkel pero sí ha dicho: batalla contra el déficit e irrenunciable situación de España en el núcleo duro del euro. No ha dicho que habrá un banco malo, pero sí ha dejado claro un mensaje sobreentendido: sin estabilidad del sistema financiero no hay estabilidad del Estado, sin liquidez no hay crecimiento, y sin ayuda a las pequeñas empresas y autónomos no hay empleo.
Rajoy ha dicho muchas cosas, sin que él mismo dijera ninguna. Y da la impresión (subjetiva, claro) de que a Rajoy se le está entendiendo fuera de nuestras fronteras, más que dentro de las propias.
No significa esto que la situación esté bien en Espeña, ni siquiera que pinte bien a corto y medio plazo. Pero sí que existe un compromiso bastante evidente por parte de la refrescada mayoría de frenar la sangría.
Los retos para España son económicos, desde el punto de vista del acierto técnico en los remedios, pero también políticos. Hay tal interdependencia entre las soluciones nacionales a la crisis y las soluciones europeas que la única salida real será española en la guinda y continental en el pastel. Por eso, el verdadero reto de Rajoy, que sólo puede acometer una vez investido presidente, es devolver a España al núcleo duro de la discusión europea.
No es de recibo que todos los agentes decisorios sobre el futuro de la UE y del euro sean vecinos, y no haya voces españolas. Porque España, pese a la propaganda facilona de los pigs, es un país muy importante en Europa, su cuarta o quinta economía, y no es cuestión de situarnos como la pequeña y levantisca Grecia sino de tener una voz acorde con su potencial.
La recuperación de España también es recuperación europea, como a la viceversa. Por eso nos tiene que oír Bruselas, como Rajoy tiene que oír a los sindicatos o a la oposición. Pero por ese orden.
Hay muchas claves contables, pero una psicológica. España y su Gobierno deben acabar con el ensimismamiento y con el extraño complejo de inferioridad que nos abate, sin recordar que esta misma Nación ha podido sacar pecho mundial hace bien poco, menos de una década.
Es cierto que aún así, en el escenario mejor, sería difícil salir de ésta. Pero es lo que hay que intentar, y si Rajoy lo está haciendo, en silencio y discretamente, lo estará haciendo bien. Lo que sí se puede contestar ahora es que no habrá puesto carteles en las calles ni revelado el ministro de Medio Ambiente (por inquietos que estén los aspirantes a tal cartera), pero da pasos lógicos y razonables, por lo que, al menos, se merece cien días, aunque cualquier observador imparcial le daría tres o cuatro veces más de tiempo para atisbar la esperanza de la recuperación.
¿Estamos peor ahora que con la agonía sostenida del zapaterismo? Es muy dudoso. Pero hay que ser muy frívolo para pedir imposibles. Y eso ya se ha percibido socialmente. Sólo hay que ver los discursos constructivos ayer de los sindicatos o de la patronal (después de algunas vacilaciones de Rossell). O el silencio de otras fuerzas políticas de la oposición, que no quieren equivocarse como se equivocan, o nos equivocamos, muchos comunicadores ávidos de noticias.
A Rajoy se le debe pedir imposibles de inmediato. Pero, para milagros, hay que dejarle un poco de tiempo.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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