Reformar el Senado: una propuesta heterodoxa
martes 06 de diciembre de 2011, 19:21h
No creo causar sorpresa a los lectores si afirmo que el Senado, en casi todos sus aspectos (composición, funciones, sentido, etc.) ha sido una de las cuestiones más traída a colación por unos y otros. Y muchas de las supuestas soluciones se han estrellado contra la estructura de un régimen que no es federal, ni confederal. El art. 69 de la Constitución hace una definición un tanto decaída de su sentido: “El Senado es la Cámara de representación territorial”. Como si los demás órganos del Estado representaran sectores aéreos o marítimos. Y, como es sabido, la práctica constitucional acaba por sentar la supremacía del Congreso en todos aquellos casos en los que no hubiera acuerdo definitivo entre las dos cámaras. De aquí que se llegue a la definición, por parte de algunos especialistas, como Cámara de segunda lectura para corregir errores de la primera salida del Congreso. ¡Pobre misión que, desde luego no justifica su coste!
Ante esta situación y, por supuesto tras la pertinente reforma constitucional que el mismo texto constitucional permite, me lanzo a la que llamo como propuesta heterodoxa.
Hace algún tiempo que, junto a la realidad pluripartidista, se divulgó el llamado Estado de las Asociaciones (Verbändestaat). Un nuevo pluralismo organizacional constituido por la infinita gama asociativa que el moderno Estado y la moderna sociedad están conociendo. El hombre une al viejo concepto de ciudadano otra condición: la derivada del grupo social en que desarrolla su vida: funcionario, trabajador, empresario, pensionista, ecologista, etc. Y hay que contar con el protagonismo de este mundo asociativo que deviene factor esencial de nuestra hora. Sobre todo cuando, en palabras de Hans Peter Schneider, se han de abordar lo que él denomina “decisiones de nuevo tipo”. Es decir, decisiones de amplio consenso, con consecuencias irreversibles. Decisiones que requieren profundos estudios porque están llamadas a resistir el paso de tiempos y generaciones. Hay que pasar de la democracia de la opinión (obra de alguna suma de votos) a la democracia de la codecisión. No es solamente democracia representativa y de partidos.
Pues bien, con este apoyo doctrinal, es como estimo que el Senado bien pudiera ser la Cámara idónea en la representación de estas nuevas propuesta y de la clarificación de los intereses y quienes los representan. Un nuevo pluralismo que no mantenga el silencio de los grupos de presión. Una Cámara participativa con presencia que, en vez del legítimo juego de votos del Congreso, mantenga (por el acceso democrático de sus representantes) esa riqueza asociativa, que sería limpia y llenaría la estructura parlamentaria: Universidad, Ejército, Empresarios, Sindicatos, Academias, Colegios Profesionales, etc. Lo que hoy sigue al margen de los partidos y bueno sería que encontrara una instancia para sus intereses. Valdría la pena intentarlo.
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Catedrático de Derecho Político
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