Por Enrique Barón Crespo
[i]Rigor más crecimiento[/i]
domingo 11 de diciembre de 2011, 16:21h
La Unión Europea es una casa a medio construir en la que habitamos. El gran dilema planteado es saber si queremos cubrir aguas para seguir viviendo juntos o si preferimos irnos a la intemperie. Para la pareja franco-alemana, que ha dominado la escena en los envites preparatorios del Consejo Europeo, la receta es reformar los Tratados, es decir, rehacer los planos de la casa. Bautizada como Merkozy, la gracia oculta las visiones divergentes entre una Canciller defensora de la austeridad para combatir el riesgo moral y un Presidente que inicia su campaña electoral al altisonante grito de refundar Europa.
Por un lado, una Alemania que se debate entre la rigurosa visión de Merkel con la regla de oro del freno de la deuda constitucionalizada, sanciones automáticas y control judicial. Nada de los eurobonos propuestos por el respetado Consejo de expertos económicos alemán en un país que acaba de pagar la deuda de la primera guerra mundial y teme ser el pagano en cada ronda. No obstante, en su Gobierno, el ministro de finanzas, Schäuble, defiende un salto federal incluida la elección del Presidente de la Comisión por sufragio universal mientras su socio de coalición, el agónico FDP liberal, coquetea con el euroescepticismo. Los socialdemócratas acaban de aprobar una política activa de solidaridad europea para la recuperación y crear, como paso inicial a los eurobonos, un Fondo de amortización bloqueado como el de la reunificación, mutualizando hasta el 60% de la deuda, lo cual constituiría una base sólida de un tesoro europeo.
La propuesta de Sarkozy, en contra de fortalecer la Comisión Europea o implicar al Tribunal de Justicia parte de una visión intergubernamental, no está dispuesto a ceder más soberanía ni terreno a Le Pen. Está abierto a los eurobonos y a un Banco Central prestamista en última instancia. No cuenta con los votos para inscribir la regla de oro en la Constitución. El debate no es nuevo, viene desde Monnet con de Gaulle.
De hecho, desde Maastricht, entre Francia y Alemania frenaron juntos de modo sistemático pro razones divergentes los avances en el terreno económico hasta hacer saltar el pacto de estabilidad en 2003/4. Ahora la cuestión es saber si hay dolor de corazón y propósito de enmienda, con un añadido de última hora: los avisos de las agencias de calificación han llegado a los autoconsiderados virtuosos.
Van Rompuy, anfitrión como Presidente del Consejo, ha reelaborado con los Presidentes de la Comisión y del Eurogrupo el guión en el informe que acompaña a la convocatoria. Tras el balance de lo actuado para fortalecer la gobernanza y avanzar hacia una Unión fiscal, manteniendo la integridad de la UE, planea la necesidad de fortalecer la coordinación económica en la zona euro, y hacer frente a los desequilibrios excesivos. Propone como medidas adicionales que se pueden adoptar con el Tratado actual el examen previo de las reformas importantes en un país con efectos sobre los demás susceptibles de conducir a sanciones, especialmente en aquellos países de la eurozona “con problemas competitividad o elevado desempleo”.
Sobre la disciplina presupuestaria, a partir de la puesta en marcha del paquete 6 adoptado en noviembre, hay que dar pasos para definir una nueva regulación fiscal. Para ello propone como vía más limitada la revisión del protocolo 12 del Tratado de Lisboa o una revisión más amplia del mismo. En tal caso, es de prever que se abriría una Caja de Pandora en forma de Convención para reescribir todo al tratarse de una de refundación. Con una carrera suplementaria de obstáculos para la ratificación, ya se puede dar por seguro un referéndum irlandés.
La Unión Económica es el tercer punto de la agenda. Se plantea el desarrollo de una cooperación reforzada, así como la “apertura de una posibilidad, con perspectiva a largo plazo, de emitir deuda común en un proceso escalonado y sobre criterios comunes, que podría comenzar con algunos instrumentos fundacionales”. Es decir, comenzar a preparar la emisión de eurobonos que se podría hacer por etapas, empezando por el fondo común hasta el 60%, como prueba de la irreversibilidad del euro y su papel como divisa global de reserva. Hecho deseado por los responsables chino, ruso y coreano que tuve oportunidad de comprobar hace poco en la mesa redonda que presidí en la Conferencia sobre “Gobernanza económica europea en el contexto de la globalización” organizada por la Comisión.
El fortalecimiento de los mecanismos existentes de gestión de la crisis es el tercer capítulo, sobre todo la entrada en vigor del Mecanismo Europeo de Estabilidad, su conversión en institución financiera con la adhesión a los principios y prácticas muy consolidados del FMI, lo cual supone un propósito de la enmienda en relación con el caso griego “único y excepcional”, con el compromiso de proveerle de medios si fuera preciso.
Emitir signos claros como manifestación de voluntad compartida de defender lo conseguido y trabajar para construir el futuro debería ser el resultado de la cumbre. Para ello, son más útiles algunas señales concretas que plantearse empezar todo de nuevo. Hay tres que pueden ser comprensibles por los ciudadanos: defender juntos y solidariamente lo conseguido, progresar en la gobernanza económica y lograr un acuerdo en el marco financiero en la perspectiva de los Objetivos 2020.