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El debate: Política exterior, más de lo mismo

martes 08 de abril de 2008, 21:37h
Tras las elecciones celebradas en marzo y la constitución del nuevo Parlamento, estamos asistiendo al Debate de investidura del candidato a Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el que se presenta a los miembros del Congreso y a los ciudadanos, su programa político para los próximos cuatro años.

Desde todos los sectores del país, se esperan propuestas concretas tras las expectativas creadas en los programas electorales y los debates electorales. Los especialistas o simplemente ciudadanos a los que les preocupan los temas internacionales y el papel de España en el mundo, también llevamos esperando en este último mes propuestas o iniciativas del candidato en estas materias. Las perspectivas, no obstante, no eran muy halagüeñas.

A priori, los errores cometidos por el Presidente y su Ministro de Asuntos Exteriores, en algunos temas de política exterior en la anterior legislatura, parece que pueden repetirse. Prueba de ello ha sido la actitud del Presidente en la Cumbre de Bucarest de la OTAN -cuando menos, preocupante- y que ha sido ampliamente tratado en todos los medios de comunicación, incluso entre los más favorables al Gobierno. Por otro lado, hemos ido asistiendo en estos últimos días al anuncio de las grandes líneas del discurso del candidato, en donde se habla de grandes pactos y propuestas en sectores diversos –e importantes, sin duda- pero entre ellos no parecía encontrarse la política exterior o los grandes temas hoy abiertos en las relaciones internacionales. Debíamos esperar al Debate.

España, la octava potencia económica del mundo; miembro activo de la Unión Europea; con amplia participación de nuestras Fuerzas Armadas en Misiones de Paz; con gran dependencia energética del exterior; con un grave problema en materia de inmigración etc., ¿podía permitirse no dedicar un amplio tiempo del debate a los temas de nuestra política exterior?. La respuesta es un NO con mayúsculas. Y ello, en nuestra opinión, es más preocupante por dos simples razones: por un lado, por el presidencialismo creciente en el proceso de toma de decisiones en materia de política exterior en la anterior legislatura, al igual que ha ido ocurriendo desde la época del presidente González. Por otro lado, porque hora es ya de que terminemos con esa lacra de nuestra política exterior democrática: hay que abandonar la política reactiva y formular una política proyectiva.

El Debate ha llegado. El candidato ha dedicado poco más de cinco minutos, en su largo discurso, al tema de la política exterior. De este tiempo, la mayor parte se ha hablado del que debe seguir siendo nuestro principal objetivo, la Unión Europea. El reto de la Presidencia española en 2010 ha sido destacado como el gran objetivo en esta materia y poco más. Sobre Iberoamérica, Estados Unidos y el Mediterráneo grandes principios. De igual modo, las bases centrales de la política exterior de la anterior legislatura se mantienen: solidaridad, multilateralidad, legalidad, compromiso con la paz y aumento de la cooperación al desarrollo hasta el 0,7%. Hasta ahí lo ya conocido hasta el momento, a lo que cabría añadir que, por fin, la acción sobre el África subsahariana -una asignatura pendiente desde la Transición- se va a convertir en una de las líneas novedosas de actuación con un nuevo Plan África.

Por su parte, el líder de la Oposición, ha dedicado poco más de un minuto, en su corto discurso, a la política exterior. Idealismo, confusión, aislamiento, poco peso de España en el mundo, etc. Es decir, nada nuevo con respecto a lo que habíamos oído en los debates electorales.

Nos preguntamos ahora ¿es eso suficiente?. No, la verdad es que no. Esperábamos que se anunciara el diseño de un claro y preciso programa de política exterior para los próximos cuatro años, con retos muy importantes. Un programa en el que deben de participar todos los actores que, de una u otra manera, conocen, participan y tienen intereses en nuestras relaciones exteriores, y sobre el que debe haber un consenso entre las dos fuerzas políticas del país. La política exterior, debe ser, recordémoslo, una Política de Estado. Para llevar a cabo ese programa debemos tener una nueva, moderna y amplia Administración exterior, que debe comenzar por ampliar el número de miembros del cuerpo diplomático -con una cifra que roza el mínimo indispensable para el trabajo cotidiano-, además de incrementar nuestra presencia en instituciones internacionales, defendiendo con tesón la lengua y la cultura españolas, nuestro poder blando.

Juan Carlos Pereira

Catedrático de Historia Contemporánea

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