Todo bajo el mismo cielo
martes 08 de abril de 2008, 22:21h
Lo malo de la mentira bien urdida es que está enlazada con grandes verdades, y lo que es peor, argumentar una verdad absoluta es extraordinariamente complicado. Verdad a la que, por su puesto, no puedo, ni pretendo acercarme en el presente artículo. En la labor de filtrar lo que pueda haber de valor en los discursos, encontramos parte de la tarea a la que nos encomendamos todos los días. La elaboración de nuestras propias creencias es compleja, ya que observando una realidad que admite diferentes interpretaciones, adoptar una única versión como cierta es atenerse a una mentira.
Mientras, la maltrecha antorcha olímpica va en pos de su destino final, a pesar de los obstáculos que le salen al paso. Quizás la libertad de un Tíbet establecido como teocracia, dirigida por una élite de monjes y terratenientes y sustentada por una dócil servidumbre, sea más soportable que la opresora ocupación del territorio por parte de China, que la configura como autonomía dentro de un sistema comunista y que no respeta los derechos humanos de sus habitantes.
A finales del siglo XIX y principios del XX, en Europa, y con motivo de una racionalización de los territorios, se crearon fronteras según las etnias, lenguas o la apariencia de sus habitantes, haciendo gloria del método científico que tenía su auge en aquellos tiempos. Esta circunstancia creó terribles situaciones, por todos conocidas. Sin embargo, a mi entender, es de gran valor la frase de la mitología china, sin que intervenga en su importancia la procedencia: Todo bajo el mismo cielo.
Aunque pueda parecer un discurso obvio y manido, me aventuro a decir que quizás algún día todos los habitantes tengamos, universalmente, los mismos derechos y las mismas obligaciones como ciudadanos, sin que importen territorios o nacionalidades. Es posible que sea arrogante pensar por mi parte, que los valores en los que se funden estos derechos y obligaciones sean los que ha adoptado el sistema occidental, bajo los principios de un orden de igualdad, libertad y solidaridad. Imponerlo por la fuerza, como ya sabemos, conduce al horror y a la resistencia en su adopción. En este sentido, es necesario realizar prudentes acercamientos hacia otras concepciones como paso previo a la adopción del sistema occidental de forma global.
La premisa por la que realizo la afirmación de que el sistema occidental es superior al resto, puede que sea tomada como falsa o errónea. Pero prefiero esa mentira, que ha sido sostenida con el esfuerzo de muchos, durante siglos, por la cual era preferible perseguir la luz de la razón, antes que perecer en el mito, el oscurantismo o en el dogma.
|
Abogado
CARLOS LORING es licenciado en Derecho, diplomado en Gestión Empresarial, y MBA en e-Business por la Universidad Pontificia de Comillas (ICADE)
|
|