¿Hay esperanza para los niños del Tercer Mundo?
miércoles 14 de diciembre de 2011, 21:31h
Esta semana, el Gobierno admitía haber recibido una prueba de vida de los dos cooperantes españoles secuestrados en Tinduf -Argelia-. Ni Ainoa ni Enric están pudiendo disfrutar estos días de los preparativos de Navidad junto a sus seres queridos. Tampoco se prevé que pasen estas fiestas con ellos. El desenlace de toda esta pesadilla se presenta sumamente incierto, y lo peor es que podría repetirse en otros muchos lugares. Porque allí donde alguien sufre, generalmente hay también alguien que consuela.
Dicen que la caridad empieza por casa. Eso lo saben bien los voluntarios de ONG como Solidarios para el Desarrollo, Cáritas y otras tantas. Gentes que dan lo mejor de sí mismas en comedores populares, centros de acogida, pisos habitados con personas en riesgo de exclusión social o incluso repartiendo mantas, café caliente y conversación en estas frías noches de invierno. Hay también personas mayores anónimas, sin vinculación a sigla alguna, que ponen al servicio de los demás todo lo valioso que han ido aprendiendo a lo largo de sus vidas en labores de acompañamiento a enfermos, atención a necesitados y un largo etcétera.
Fuera de nuestras fronteras, las cosas son diferentes. Bien lo saben Ainoa y Enric, que han perdido su libertad cuando trabajaban desinteresadamente por la de otros. O las Misioneras de la Caridad, obra magna de ese referente con mayúsculas que fue -y aún es- Madre Teresa de Calcuta, y cuya labor en India no será nunca lo bastante ponderada. Algo más al oeste, Pakistán suele ser noticia más por hechos violentos -la muerte de Osama Bin Laden- que esperanzadores. Pero los hay, y de qué manera. Un joven salesiano español, el padre Miguel, dirige un centro juvenil en al ciudad de Lahore, donde cientos de jóvenes católicos y musulmanes reciben una formación humana y profesional que garantiza su futuro y el de sus familias. Sufre amenazas de forma continua, aunque hace falta mucho más que Al Qaeda para doblegar a un cura del Atleti.
En 1998, el huracán Mitch asoló Centroamérica, dejando una estela de muerte y destrucción pocas veces vista. Guatemala tiene la suerte de contar con Infancia con Futuro; su nombre que lo dice todo. Atención sanitaria, guarderías, escuelas, becas para material escolar y ropa, talleres ocupacionales y formativos hacen que la vida de las comunidades del lago Amatitlán tenga una perspectiva más que ilusionante. Por no hablar de la cantidad de niños que no entran a formar parte de una mara -las temibles bandas centroamericanas, importadas ya al primer mundo- gracias a la dedicación de quienes hacen posible Infancia con Futuro.
Todas esas personas hacen posible que otras vivan mejor. Sin esperar contrapartida alguna, y con una generosidad que algunos consideran rara avis pero que, por fortuna, se deja ver por doquier. Sólo es cuestión de saber buscar. Eso sí, hay que hacerlo. Por eso es importante que, en fechas como estas, se tome conciencia de ello. O mejor dicho de ellos, que son quienes hacen posible que valga la pena creer en los demás. A veces incluso resulta.
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Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
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