El segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner
Enrique Aguilar
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enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
miércoles 14 de diciembre de 2011, 22:06h
La presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner inauguró el sábado pasado su segundo mandato (el tercero de la era Kirchner si se cuentan los primeros cuatro años de su marido). Su discurso no fue lo que algunos deseábamos. ¿Por qué pedir otra cosa si ese tono habitualmente admonitorio y las políticas y el estilo de gobierno que defendió recibieron en octubre un abrumador respaldo electoral?
Sin embargo, como de ilusiones también se vive, yo esperaba al menos una palabra componedora junto al reconocimiento de algún desacierto. Nada de eso. Por añadidura, Cristina prestó el juramento de rigor y concluyó: “Si así no lo hiciera, que Dios, la patria y “él” (el fallecido ex presidente Néstor Kirchner) me lo demanden”. Presumo que el protocolo no preveía que la banda presidencial le fuera puesta por su hija Florencia pero no importa. Ya se sabe que en estas latitudes este tipo de acciones, reñidas con las buenas prácticas institucionales, están permitidas.
La presidenta repartió culpas entre los fondos buitres, las corporaciones empresarias y sindicales e incluso la emprendió contra el derecho de huelga. Admitió asimismo la necesidad de aplicar “sintonía fina” para resolver problemas atribuibles al contexto internacional, lo cual no parece compadecerse con el apuntalamiento que hizo de algunas figuras de su gobierno, como el secretario de Comercio Guillermo Moreno, cuyo modus operandi, siempre amenazante, grosero y dictatorial, tiene tanto de “fino” como el ruido de un mazazo.
Ojalá todo le salga bien y sepa poner su ojo en varias cuestiones pendientes que revisten la misma importancia que la calidad educativa a la que, afortunadamente, se refirió. En particular, una mayor institucionalidad sería bien recibida aun por una porción de sus electores que, sea porque no confiaron en otras alternativas o porque privilegiaron su bienestar económico, le entregaron su voto. Por lo demás, la pregunta sobre la duración que tendrá el idilio de Cristina con los sectores medios continuará sobrevolando durante el verano hasta tanto se conozca el verdadero impacto que tendrá el ajuste de tarifas e impuestos y la relación entre los porcentajes de aumentos salariales y la inflación (que no se detiene) proyectada para el 2012.
Un afamado columnista acaba de recordar el nombre de Jean Bodin quien, en 1576, en una obra titulada Los seis libros de la República, definió a la soberanía como el poder supremo sobre ciudadanos y súbditos “sin sujeción a la ley”. Legibus solutus, tal la fórmula en que venía a cifrarse la concepción absolutista del poder. Por ahora, el gobierno de Cristina tiene bastante de eso: monopolio de la decisión, personificación de la soberanía indivisa, obsecuencia de ministros y colaboradores… Nada indica que ella vaya a cambiar. Lo que está por verse es si cambiará o no el humor de la población.
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Politólogo
ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina
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