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Crónica económica

El BCE avisa: más gasto, menos crecimiento

jueves 15 de diciembre de 2011, 19:24h
La UE se centra en reducir el déficit público y el endeudamiento. Pero un informe del Banco Central Europeo indica que lo principal es centrarse en reducir el gasto público. Sólo así se lograrán los objetivos planteados y se favorecerá el crecimiento.
La deuda es necesaria para realizar una actividad económica a futuro. Y todas, o prácticamente todas, son a futuro. Ya vimos aquí un informe del Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés) que señalaba los niveles de endeudamiento a partir de los cuales la deuda empezaba a ser perjudicial para el crecimiento: el 80 por ciento del PIB en la deuda pública, el 90 por ciento en el caso de la deuda empresarial y el 85 por ciento en la deuda de las familias.

Un reciente informe elaborado para el Banco Central Europeo muestra que no ya la deuda, sino el mismo gasto público hay un momento en el que resulta perjudicial para el crecimiento. La magnitud del informe es sorprendente: han estudiado los datos de 108 países (es decir, prácticamente todos) durante un período de 38 años, de 1970 a 2008. Han utilizado “diferentes medidas del tamaño del gobierno y de la calidad de las instituciones”.

Y resume sus conclusiones así: “1) Hay un efecto negativo significativo del tamaño del gobierno sobre el crecimiento; 2) La calidad institucional tiene un efecto significativamente positivo en el nivel de PIB per cápita; 3) El consumo del gobierno es consistentemente pernicioso para el crecimiento del producto, independientemente de la muestra de países que se considere (OCDE, países en desarrollo o desarrollados); 4) El efecto negativo del tamaño del gobierno sobre el PIB per cápita es mayor cuanto menor es la calidad institucional, y el efecto positivo de la calidad institucional es mayor cuanto menores son los niveles de gasto público”.

¿Qué es la calidad de las instituciones? Se refiere a la estabilidad y el sometimiento de éstas a un Estado de Derecho. Por ejemplo, el informe recoge que, según sus datos, “el crecimiento en el tamaño del Estado tiene efectos negativos en el crecimiento, pero esos efectos negativos son tres veces mayores en los sistemas no democráticos sobre los democráticos”.

Daniel J. Mitchell, experto de política fiscal del Cato Institute, no deja de señalar un aspecto muy importante al respecto de este informe: “Las evidencias muestran que el problema es el gasto público, y que el problema existe independientemente de si ese gasto está financiado con impuestos o con deuda”. Y se duele de que muchos “son incapaces de percibir esta distinción clave, y se centran erróneamente en los síntomas (los déficit), en lugar de en la enfermedad subyacente (el alto gasto público)”.

Los autores se limitan a recoger la ingente cantidad de datos, analizarlos a la luz de las técnicas de análisis estadístico, y explicar los resultados. Pero nosotros, partiendo de ello, podemos ir un poco más allá.

En primer lugar, la principal conclusión del informe es relevante. ¿Cuál es la relación entre gasto público, crecimiento y riqueza? Los países, cuanto más ricos son, más porcentaje de gasto público tienen. ¿Es esto porque el gasto público es favorable al crecimiento? No. Es porque cuanto más rico es un país más puede aguantar un gasto público alto, a pesar de sus efectos económicos positivos. Llega un punto en el que, incluso en economías muy ricas, la sociedad no es capaz de aguantar un Estado tan oneroso y tan pesado.

Básicamente, ¿cuál es la razón por la que el gasto público desincentiva el crecimiento? El crecimiento, como han explicado autores como Adam Smith, Carl Menger o muchos otros, procede de dos polos que están relacionados entre sí: la división del trabajo y la acumulación del capital. El capital hace al trabajo más productivo, y eso hace que con el mismo trabajo, o con menos, podamos consumir más y mejor. La acumulación de capital exige ahorro. Las sociedades que ahorran prosperan y las que no lo hacen, no. Y el gasto público va en su gran mayoría destinado al consumo. Es el caso de los sistemas públicos de pensiones: detraen renta de quienes son potenciales ahorradores y la distribuyen a quienes ya sólo quieren, o pueden, consumir. Pero el gasto público es sobre todo consumo. Es decir, que cuanto mayor sea el gasto público, más dedica una sociedad al consumo y menos al ahorro. Hay más razones, pero sólo esta explica en gran medida esa relación inversa entre gasto público y crecimiento.

La segunda enseñanza del informe, la que nos destacaba Daniel J. Mitchell, muestra que los esfuerzos de la UE están mal dirigidos. No se trata sólo ni principalmente de reducir los déficit públicos, sino simple y llanamente de reducir el gasto. Pero la UE no va ahora por ahí.
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