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los gozos y las sombras

De la pena del Telediario, a la del Museo de Cera

domingo 18 de diciembre de 2011, 10:47h
Al paso que vamos, va a ser posible reconstruir la historia contemporánea de España a partir del estudio del trasiego de figuras eminentes de una a otra estancia del Museo de Cera.

Definitivamente existe una humillación pública todavía más lacerante que la “pena del Telediario” y hasta inclusive que la “pena de Google”, una putada que suele dejar la “reputación digital” del puteado a la hondura de la Fosa de las Marianas.

Me refiero a la “pena del Museo de Cera”, que es peor que la “pena del paseíllo” del reo esposado, con la cabeza gacha, escoltado a ambos flancos por sendos maromos fornidos de la pasma, en el tortuoso camino que va desde el furgón de traslados que hace la ruta de ida y vuelta a chirona, a la sala de vistas.

Carmen Iglesias, intelectual de relumbrón, tutora de la infanta Cristina y preceptora del príncipe Felipe, abandona la presidencia de Unidad Editorial; Eduardo Inda deja la dirección del diario Marca para hacerse cargo del negociado de Investigación del diario El Mundo; y al duque de Palma lo apean de la galería Regia de reliquias para exponerlo en la de Deportes. El mundo, al revés.

Si yo fuera miembro o miembra del patronato, estaría frotándome las manos por tan impagable campaña de publicidad; y si fuera el director, me comería las uñas de los pies hasta el muñón de la rótula esperando, impaciente, una llamada de Zarzuela, Moncloa o cualquier otra terminal anónima del poder, para ordenar, raudo, al conserje, que agarrase la carretilla del Carrefour y procediera, diligente, a cambiar de ubicación al último maniquí caído en desgracia.

Si todavía estuviera en el reino de los vivos aunque fuese confinado en las Islas Chafarinas, don Luis Jiménez de Asúa estaría alucinando a costa de esta reinterpretación tan peculiar y sui generis de la Ley de vagos y maleantes. Gerardo Landrove, mi querido profesor, eminente penalista, debe estar sopesando ya la conveniencia inaplazable de revisar el temario de su asignatura a fin de incluir una nueva figura delictiva extra códice, en el capítulo dedicado a las nuevas penas infamantes, sin lugar a la duda mucho más crueles que las privativas de libertad, desde luego que las pecuniarias, y si me apuras, que muchas penas corporales, por lo que conlleva de juicio sumarísimo paralelo y por la indefensión temporal del interfectus, a quien sólo le queda la opción de proceder extrajudicialmente mientras se mantenga el absurdo secreto sumarial de un sumario filtrado.
La cacería de Camps a Costa de los trajes-mortaja es una broma con bigote postizo de archiduque imperial comparada con el ensañamiento del que está siendo objeto el ex jugador de balonmano, que a saber la de veces que se repite para sus adentros al cabo del día «¡trágame tierra!» a ver si cae la breva platoniana de la higuera y se lo traga de verdad un agujero negro.

A Iñaki, el yerno ideal que toda suegra querría tener, ya que no pudo vestir uniforme militar por supuesta sordería, sí que le están haciendo un traje a medida de la caja imaginaria de madera que le ha de llevar al destierro civil en vida, sea o no declarado inocente, culpable o medio pensionista.
Más relevante y trascendental es la repercusión que el “Urdangariazo” va a tener en la “suerte” de la institución monárquica, pues todavía es mucho lo que aún nos queda por ver, empezando por una Royal Family convertida en carne mortal de reality, con la mirada perdida en el horizonte incierto del destino. ¡Siempre nos quedará el Principado de Asturias y la posibilidad de solicitar el reingreso en el Telediario junto al inefable Alfredo Urdaci!
Al tiempo, este año va a batir todos los records de audiencia The King’s Speech, con la carga añadida de morbo por comprobar en qué queda la ya memorable coletilla remasterizada «en estas fechas tan entrañables, me llena de orgullo y satisfacción…».

Como cada fin de fiesta por diciembre, se cumple la tradición: los buzos del Zoo de Madrid instalan el Belén en el estanque de los tiburones. Claro que este cronista, es un imaginar, descubre que tiene un amigo que le envía un christma con el siguiente texto: «Amiguito del alma, te quiero un huevo, feliz Navidad, amiguito del alma». Y aun siendo como es el que suscribe una persona pacífica, además de retirarle el saludo, le arrimo un guantazo en todo el careto, con la palma de la mano abierta, que lo dejo mirando al reloj de la puerta del Sol. ¡Noseajodido!

Pero a lo que iba: esta gente de bien es que no escarmienta. Hemos visto desfilar con grilletes a Macía Alavedra, a Lluís Prenafeta, a Bartomeu Muñoz, a toda la troupe marbellí, y a algún chori, tête coupée, de rimbombante apellido que desde entonces no ha conseguido levantar cabeza el pobre; se creían intocables los muy estúpidos, al abrigó de la omertá que suele asistir a los poderosos. Y debe ser que no es suficiente escarmiento contemplar la imagen denigrante del martirio dibujada en el rostro ajeno, que todavía los hay ingenuos que actúan con absoluta impunidad por creer que lo que sucedió con los citados mendas sería inconcebible que les ocurriese a ellos, por ser vos quien sois.

Vuelven los penitentes goyescos con capirote y sambenito, obligados a pasear descalzos por la ciudad, portando en la mano un cirio encendido chorreando cera, expuestos a la humillación pública, abochornados camino del cadalso, allí donde aguarda a brujos y herejes la hoguera donde todavía arde viva Juana de Arco –que en sentido figurado somos todos-, o el entrañable verdugo berlanguiano, que lejos de dar miedo, inspira ternura y compasión.

Vuelve la Inquisición, dispuesta a seguir cortando cabezas en efigie. España entera es como La isla de las cabezas cortadas, con Geena Davis en el papel de Morgan Adams, la hija de un pirata que a la muerte de su progenitor se hace capitana de navío, el Morning Star. La siniestra reputación de los jíbaros, mi querido Tsantsa, va a quedar empequeñecida por los nuevos rituales guerreros, desquites y ajustes de cuentas.

Claro que bien mirado, el duque de Palma ha corrido mejor suerte que los bustos de Marat, de Luis XVI y de Robespierre, que amén de otros guillotinados fueron directamente a parar a la Cámara de los Horrores del Museo Tussaud, lo cual no deja de ser un triste consuelo.

«La raíz del mal siempre está en el abuso de poder», asegura la escritora Patricia Cornwell, que domina como nadie las claves de la novela negra. «¿Sois felices? - ¡Somos poderosos!» (Lord Bayron). Bertrand Russell sabía muy bien de lo que hablaba, faltaría más, cuando dejó dicho que «entre los deseos infinitos del hombre, los principales son los deseos de poder y de gloria».

Aunque para personaje contradictorio, Emmanuel Sieyes, el último revolucionario rebelde y a la vez el primer mamón del César (Napoleón), que en su «Ensayo sobre los privilegios» criticó como pocos en su tiempo a la sociedad vertebrada por el privilegio, estableciendo uno de los fundamentos del Estado de derecho: la necesidad de un gobierno sometido a unas leyes que obliguen a todos por igual, incluso al rey.

Bien sabe Dios que no deseo mal ni al peor enemigo imaginario, lo prometo, digo lo juro, por imperativo legal. Pero si como ha dejado diagnosticado David Owen muchos hombres poderosos acaban enfermando de soberbia y vanidad…, que se jodan los sacabarrigas que aprovechan su posición para pasar el cazo, pues en el pecado llevan la penitencia.

Además, bastante tenemos los proletas con lo nuestro, que estando como está España tan necesitada de esperanza, para darle a nuestro cuerpo una alegría, Macarena, a lo más que podemos aspirar –que no es poco-, es a corrernos una juerga imaginaria en el Museo del Prado a cuenta de «El vino de la fiesta de San Martín» de Brueghel el Viejo.

Mira que te lo tengo dicho, compadre… Algo muy gordo debe de estar pasando para que ni los ladrones confíen su suerte al Gordo de Navidad. Víctimas de la impaciencia, de un tiempo a esta parte directamente atracan las administraciones de lotería sin esperar el cante de los niños de San Ildefonso.

Cuesta sobreponerse al desaliento sabiendo que de cumplirse la profecía de los Mayas en 2012 se acabará el mundo a pesar de Mariano; como cuesta aceptar que la “pareja del año” no sea, pongamos por caso, Monsieur et Madame Curie, sino Alaska y su señor maromo Mario Vaquerizo. La esencia del debate –permítaseme que me tire el moco-, ya no es el discurso intelectual, ni siquiera el ideológico, sino el estético.

Así las cosas, con tanto tarado en las filas republicanas y nacionalsocialistas –y mira que el abajo firmante se tiene por antimonárquico-, a la Monarquía española mucho me temo que le aguarda larga vida. Cabe esperar que ya que no hay más remedio, sea para bien y podamos vivir para contarlo. Está visto que con los años me estoy volviendo un sentimental, aunque afortunadamente cuando me siento a escribir no pueda remediar que me salga la mala leche. Lo mismo todavía no está todo perdido.
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