Navidad en Italia: entre crisis y recortes
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 18 de diciembre de 2011, 19:22h
Este año, las festividades de los italianos parecen marcadas por una sensación predominante, una emoción generalizada: el miedo, el temor a lo que nos espera en el 2012. Se cierra un año difícil, de cambios políticos y económicos y está por entrar un nuevo año cuyos augurios y perspectivas no resultan esperanzadores. Terminada la nefasta etapa berlusconiana, queda su herencia y las consecuencias –socio-económicas- de su mala gestión. La gestión política del Gobierno Berlusconi, su inacción política, sus errores han conseguido que incluso el sosegado Monti perdiera la paciencia que, en estos días, molesto, afirmó: “está claro que para hacer este plan de ajustes no hacían falta profesores, pero ¿por qué no lo habéis hecho vosotros?”.
Al igual que gran parte de las economías europeas, Italia corre el riesgo de pasar de la grave recesión a una profunda depresión. Por lo pronto, el Gobierno del tecnócrata Monti ha propuesto un riguroso plan de austeridad, -aprobado ya en la Cámara de los Diputados- que, aunque puede que tranquilice a los mercados, genera preocupación e inquietud en gran parte de la población. Se trata de unas duras medidas que perjudicarán la calidad de vida de los italianos y obligarán a modificar sus hábitos. Las previsiones –en algunos casos, excesivamente, catastróficas y apocalípticas- están minando la moral de los italianos, su estado de ánimo. Se espera el 2012 con preocupación y por lo tanto se decide vivir unas fiestas “austeras”, más sobrias y parcas que los años pasados. Los italianos parecen menos propensos a la compra y, a pesar de las numerosas rebajas y ofertas, resultan dispuestos –y, en algún caso, obligados- a gastar lo menos posible. Del Norte al Sur, los ciudadanos se aprietan el cinturón y se preparan a vivir una “navidad modesta” en palabras de la organización de comerciantes Confcommercio (Confederazione Generale Italiana delle Imprese, delle Attività Professionali e del Lavoro Autonomo).
Hasta el momento y ante una situación cada vez más difícil, los italianos, con su elevada propensión al ahorro, han podido “respirar”, manteniendo un nivel de riqueza superior al de los demás países desarrollados. No obstante, lamentablemente la situación económica de Italia genera mucha preocupación: aunque evidentemente el dato de la reducción del gasto en Navidad puede representar un parámetro poco fiable, pone de manifiesto el temor de los italianos al 2012, su inquietud y turbación ante la crisis. La situación obliga a ser cauto: el peligro de que aumenten los despidos y la desocupación, el riesgo a nuevos recortes, el rigor que se exige, deben invitar los italianos a ser prudentes en sus gastos y asumir una actitud responsable. Aunque el factor “emocional” resulta importante en la economía y los alarmismos son peligrosos, el optimismo desenfrenado y la ocultación de la realidad del pasado han hecho demasiado daño al país. La irresponsabilidad del otro Gobierno, el arremeter constantemente contra la prensa acusada de ser “alarmista”, las mentiras sobre la real situación económica del país han agravado la crisis italiana. El anterior mandatario negó la crisis hasta el último momento: todavía resuenan las palabras de Berlusconi, durante el pasado noviembre, en una reunión del G-20, cuando afirmaba sonriente que “los italianos están bien. Los restaurantes están llenos, es difícil conseguir un sitio en los aviones y los hoteles están completos durante los día festivos”. Una visión idílica y falsificada de la crisis: la economía italiana padece una grave crisis, con una deuda del 120 por ciento de su PIB, una gran desconfianza de los inversores en su economía, una prima riesgo inestable y fluctuante.
Para el 2012, cabe esperar una recuperación de la economía italiana y la aprobación de unas medidas que se preocupen a la vez de garantizar rigor presupuestario, crecimiento e igualdad. Los recortes, que parecen necesarios (sobre todo si aplicados contra la casta política nacional), deberían estar acompañados de unos incentivos para impulsar el crecimiento económico. Italia espera pasar una tranquila navidad y un 2012 de recuperación, recordando, como decía Einstein, que “no podemos resolver problemas de la misma manera que cuando los creamos”.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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