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Tiempos para necesarios acuerdos

Manuel Ramírez Jiménez
martes 20 de diciembre de 2011, 21:25h
Cualquier ciudadano medianamente atento a los avatares de nuestra política habrá observado cómo, al cruce de iras electorales que hemos padecido semanas atrás, está sucediendo una etapa de cierta relajación entre los partidos. Todos los pasos necesarios para el cambio político (acuerdos entre los máximos líderes, recuento de votos, formación del nuevo hemiciclo, nombramiento de portavoces de grupos y presidentes de cámaras, etc.) se están realizando dentro de la mayor normalidad y sin voces de rechazo. Perdedores y ganadores han asumido con rapidez y buenas formas sus nuevos papeles en el juego político. Los abrazos de hogaño han sustituido a los ataques de antaño.

Pues bien, a pesar de las previsibles disidencias que, sin duda, aparecerán con las discusiones de medidas concretas, hay algo que no podemos soslayar. Con este sosiego y con una mayoría absoluta que está anunciando la voluntad de consensos, lo que cabe esperar es una temporada en que al menos los grandes problemas pendientes sean asumidos desde un provechoso acuerdo. Y no me refiero únicamente a las medidas a tomar para salir de la actual crisis económica. El mismo Rey, por lo que ha trascendido no ha dejado de llamar a la unión, al acuerdo para salir adelante.

No ha mucho que la buena cabeza de Otto Kircheimer hablara de “partidos de todo el mundo (catch-all-party)”. Y Schneider, en su atractivo trabajo “Soberano sin poder”, iba más allá perfilando lo que él mismo denominara “decisiones de nuevo tipo”: las de consecuencias irreversibles, las que requieren algo más que el acuerdo mayoritario de un momento dado, las que tienen muy difícil vuelta atrás. Su veredicto es claro: hay que pasar de la democracia de la opinión a la democracia de la codecisión. Se trata de decisiones llamadas a perdurar pese al tránsito de generaciones y que mueven importantes intereses afectados y hasta apelan a la consulta de estos. Una democracia que no es sólo representativa y de partidos.

No creo caer en error si, pasando la mirada por nuestra política nacional, afirmo que, a tenor de lo expuesto, es el momento para abordar, de forma común y previo estudio, algunos grandes temas que tenemos sobre la mesa y que caen en este apartado: la reforma laboral, el sistema educativo que ha conocido tantos vaivenes, la decadente Universidad, el régimen sanitario, los excesos autonómicos, la administración pública, la inmigración, etc. Cito solamente algunos. Y sería triste, muy triste, que se les vuelva a dar la espalda. Estamos en tiempos idóneos.

Manuel Ramírez Jiménez

Catedrático de Derecho Político

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