Rajoy: Ayer, la prédica. ¿Y cuándo el trigo?
martes 20 de diciembre de 2011, 21:34h
Dice el refrán castellano, tan en boca siempre de Sancho Panza –“Sancho-pueblo, Sancho entero y verdadero”, canta Gabriel Celaya–, que “una cosa es predicar y otra, dar trigo”. El pueblo lo sabe bien y por eso, dada su confianza al PP en las pasadas elecciones, ahora espera el trigo, que no entiende como una dádiva sino como posibilidades ciertas para que cada cual se gane la vida por sí mismo. En nuestro país, que ha vivido durante siglos de una agricultura estacionaria, el trabajo ha sido siempre escaso y caro, y eso lo conoce sobradamente una sociedad que lo que quiere es trabajo.
Mariano Rajoy construyó ayer un sólido discurso para presentar “el programa político del Gobierno” que pretende formar y solicitar así la confianza del Congreso de los Diputados. Hoy la ha obtenido. Mañana miércoles, jurará el cargo ante el rey y nombrará su primer Gobierno. Será el momento en que podamos comprobar si, tras la prédica, hay simiente para plantar el campo, voluntad y sabiduría para cultivarlo y, finalmente, opciones de cosecha.
El discurso de ayer y las réplicas de ayer y de hoy a los grupos parlamentarios han mostrado las líneas generales de lo que será la actuación del nuevo Gobierno. Desde el PSOE, que anda digiriendo la derrota y sin ideas claras para encontrar su propio discurso político, se le exige a Rajoy, como se le viene pidiendo desde hace meses, una mayor concreción de su programa. Los tertulianos radiofónicos y los articulistas más o menos afines a la izquierda y a los nacionalistas, junto con algunos de lo que el anterior Gobierno llamada la derecha extrema, mantienen la misma exigencia, deseosos ya de empezar a hacer oposición, sí, también los de la derecha extrema. Porque, en España, lo que nos gusta, sobre todo, es oponernos: pensar contra el otro y no con el otro, que es, dicho sea de paso, lo que ha hecho el PP en las dos últimas legislaturas.
Rajoy, hombre prudente y que de forma expresa quiere huir del modo de gobernar por ocurrencias del anterior inquilino de la Moncloa, insiste en el respeto de los tiempos y ha anunciado que empezará a concretar sus políticas en el Consejo de Ministros del día 30 de diciembre. El Consejo del día 23, salvo inesperada novedad, se dedicará, por lo tanto, a definir la nueva estructura del Gobierno y a nombrar secretarios de Estado, subsecretarios, etc. ¡Cuánta gente azorada a la espera de aparecer en el BOE!
Es perfectamente razonable que el nuevo presidente del Gobierno no concrete sus medidas hasta que no se haga cargo plenamente de la situación de las finanzas públicas. Además, afortunadamente, los mercados han dado una tregua a Rajoy al rebajar la presión sobre la deuda española, que hoy se ha colocado bastante bien y a la mitad de interés que en la última subasta. El nuevo presidente ha resistido la presión periodística y política de gentes ansiosas de titulares y deseosas de réplica opositora. A día de hoy, no sabemos todavía la cifra del déficit de este año, que marcará los necesarios recortes del presupuesto del año próximo para cumplir nuestros compromisos con Europa y seguir así tranquilizando a los mercados, los cuales siguen inquietos ante una Europa que no se atreve a ser sí misma y prefiere seguir siendo un viejo conglomerado de países insuficientemente articulado en lo económico y en lo político.
Uno de los últimos grandes errores de Zapatero fue convocar las elecciones en una fecha que al final ni ha beneficiado a su partido, porque el esperado descenso del paro no se produjo, ni ha permitido llegar al nuevo año con unos presupuestos generales aprobados. No tenía sentido que los elaborase el Gobierno saliente y no los podía hacer legalmente el previsible Gobierno entrante. Como además, en España no estamos acostumbrados a la colaboración, ni siquiera en materias técnicas –no digo que el presupuesto sea sólo materia técnica, hay mucha política detrás–, habrá que esperar hasta finales de marzo para tener un presupuesto, el cual cuantificará las medidas que vaya aprobando el Gobierno y las que tenga que aprobar en el futuro. ¡Demasiado tiempo para una economía que se mueve al ritmo de los vaivenes de unos oráculos que responden no siempre previsiblemente a los sacrificios propuestos por unas agencias de calificación de alma opaca y por unos fondos inversores todavía más oscuros!
Rajoy dio ayer la imagen de un hombre de Estado, consciente de los problemas de la sociedad española. Su discurso estuvo bien articulado y señaló suficientemente algunas de las vías necesarias para superar el duro trance en el que nos encontramos. Habrá que esperar a ver cómo se concretan estas propuestas, aunque el programa parece bien enfocado: revalorización de pensiones, reforma laboral que ajuste el mercado de trabajo a las necesidades del nuevo modelo económico, fomento del empleo juvenil, austeridad presupuestaria y eficiencia en la gestión del dinero público, saneamiento del sistema bancario –que esperemos no se haga a costa del erario público o que, por lo menos, si el Estado pone dinero, imponga por ley la corrección de los excesos de enriquecimiento que hemos visto en personas concretas puestas al mando de algunos bancos y cajas–, medidas que contribuyan a facilitar la gestión de las pequeñas y medianas empresas como la compensación de deudas de las administraciones públicas con impuestos y pagos de la seguridad social o como la que establecerá que el IVA sólo se tribute cuando se hayan cobrado las facturas, rebaja de la fiscalidad a las empresas cuando los beneficios se reinviertan en la productividad de las mismas, medidas que permitan reimpulsar el sector de la vivienda –aunque esperemos que sin llevar a una nueva burbuja inmobiliaria–, pacto por la sanidad, impulso a la educación incluyendo la internacionalización de la universidad española, reforma energética, plan integral de Turismo y recuperación del papel de España a nivel internacional. Hoy, además, Rajoy ha demostrado en sus réplicas al PNV y a Amaiur que tiene claros los principios que deben guiar la posición del Gobierno en el previsible fin de ETA. La suerte de Rajoy, en este como en los anteriores temas apuntados, será la de todos, y esperemos que sea mucha.
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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