Rajoy, la hora de la verdad
miércoles 21 de diciembre de 2011, 00:34h
El líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, fue investido ayer presidente del Gobierno con 187 votos: los 185 de su partido, y los de los diputados de Unión del Pueblo Navarro (UPN) y Foro Asturias, formación liderada por Francisco Álvarez Cascos. Han votado en contra 149 diputados, pertenecientes al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Convergencia i Union (CiU), Iniciativa per Catalunya Verds, (ICV), Chunta Aragonesista (CHA), Unión, Progreso y Democracia (UPyD), Ezquerra Republicana de Catalunya (ERC), Bloque Nacionalista Galego (BNG), Izquierda Unida (IU), Comprimís-Equo y Geroa Bai. Se han abstenido el Partido Nacionalista Vasco (PNV), Coalición Canaria (CC) y Amaiur. De esta forma, Mariano Rajoy, que jurará hoy su cargo ante el Rey y anunciará la estructura de su Ejecutivo, se convierte en el sexto presidente desde la restauración de la democracia española, tras Adofo Suárez (UCD), Leopoldo Calvo Sotelo (UCD), Felipe González (PSOE), José María Aznar (PP) y José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE).
El hoy ya presidente del Gobierno de España pronunció un ordenado discurso de investidura, en el que, como era previsible y necesario, se volcó en cuestiones de carácter económico, pero sin perder de vista eliminar cualquier sectarismo, pues, como bien ha señalado Rajoy en varias ocasiones, y como es el deber de todo mandatario, será el presidente no solo de quienes le otorgaron su confianza en las urnas, sino de todos los españoles: “ninguno sobra”, dijo. Ese rechazo decidido del sectarismo se encuentra en la base de la oferta de consenso que Rajoy extendió a todo el arco parlamentario y que, sin duda, resulta muy pertinente para recuperar el diálogo, sobre todo entre los dos grandes partidos, desterrar la crispación y alcanzar pactos de Estado - especialmente en aspectos clave.
Ahora bien, esa recomendable búsqueda del consenso no puede convertirse en ningún momento en una rémora para no abordar desde hoy mismo la tarea de gobernar, por muy difíciles que sean las circunstancias -que lo son- y aunque suponga hacer frente a una legislatura en la que presumiblemente la oposición aprovechará cualquier resquicio para desestabilizar y manejar, sobre todo en la calle, los hilos del descontento ante decisiones del Gobierno que, de manera inevitable, resultarán impopulares. Pero la gravísima situación por la que atravesamos, con una inasumible y sangrante tasa de paro, que no es solamente una fría cifra, sino millones de dramas humanos, no permite ni el más mínimo retraso ni vacilación en tomar todas las medidas anunciadas por Rajoy en su investidura. Mariano Rajoy cuenta con una muy holgada mayoría absoluta. No se trata de poner en marcha ningún rodillo parlamentario, pero sí de aprovechar esa mayoría en beneficio de todos. Significativamente, la Comisión Europea, en boca de su portavoz de Asuntos Económicos, Oliver Bailly, se ha apresurado a respaldar las medidas previstas por Rajoy, citando expresamente la consolidación fiscal, la reestructuración bancaria, y la reforma laboral y de los mercados de bienes y servicios. Pero, a la vez, le insta a que las vaya llevando a la práctica sin esperar ni un solo día.
Mariano Rajoy ha demostrado altura de miras y talla de estadista en su discurso de investidura al plantear las posibilidades de pactos. Pero los grandes estadistas se miden de forma especial en las coyunturas más que complicadas, aun en soledad. La caída por el precipicio puede estar a la vuelta de la esquina si no se actúa con celeridad y contundencia. Es la hora de la verdad para España y para Mariano Rajoy.