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Adiós a las subvenciones

jueves 22 de diciembre de 2011, 21:40h
Uno de los contenidos más relevantes, pero que pasó –en apariencia- desapercibido para los comentaristas, del discurso de investidura de Mariano Rajoy fue el referido al principio de transparencia. Avanzó, el entonces candidato y ya investido Presidente, su compromiso de reformar la Ley de subvenciones y de eliminar las nominativas, y asimismo de aumentar la transparencia y proceder a la fijación de criterios homogéneos para su concesión. En suma, no anunció su desaparición pero sí someterlas a una dieta al estilo Dunkan con el fin de mantener exclusivamente las necesarias subvenciones para la incentivación de actuaciones de particulares y de empresas que redunden asimismo en el interés público o general, y con la consiguiente eliminación de cuantas se han otorgado a actividades improductivas llevadas a cabo por garitos constituidos ad hoc y que subsistían gracias a los subsidios que, cual maná bíblico, caían del cielo tras una evaluación positiva por comités encantados de conocerse o, nombrados por egregios representantes de la Subvenciología.

La subvención es una técnica de fomento o promoción de actividades privadas que además de redundar en su interés y beneficio también contribuyen a conseguir un fin público. Es un instrumento liberalizante pues en lugar de hacer algo por sí mismos los poderes públicos, se abren a que lo realicen los particulares. Este origen y esta razón de ser de la subvención se ha perdido en el túnel del tiempo pues para los Gobiernos se ha convertido en mecanismo de control social, de pastoreo de entidades satélites e, incluso, de compadreo. Por esta razón debe articularse un giro de ciento ochenta grados a la política seguida por la Administración del Estado, y también por la autonómica y local en materia de subvenciones. Muchos estudios y no pocas actuaciones se han hecho únicamente porque estaban subsidiados, pero no porque resultaran imprescindibles o simplemente beneficiosos para la sociedad.

Zaryn Alexander Dentz quizás no les suene de nada. A mí, por el nombre, tampoco. Pero es el creador de Twenti, la página preferida por los jóvenes españoles, en la que se han registrado doce millones de personas desde 2006. Este imberbe personaje tiene las ideas muy claras, y ante la pregunta de cuáles son los problemas de España responde: “En mi opinión, el Gobierno no debería dar cosas, sino crear un ambiente que permita a la gente hacerlas. Es la gente la que tiene que hacerlas. Hay que acabar con la mentalidad de que nos debe algo”.

Un chaval opinando de cosas serias, pensarán unos. Un atrevido que desconoce –por ser norteamericano- la realidad nacional, opinarán otros. Un neocapitalista recalcitrante que no sabe ni de lejos qué es el Estado del bienestar, la gran obra del modelo europeo, dirán los más doctos. Resulta tan insensible como patético en sus opiniones frívolas, concluirán los autores del sistema que favorece sus semilleros de votos.

Pero toca, por fin, caerse del guindo y dejar de elucubrar con quimeras que no se compadecen con una ingrata realidad a la que nos han llevado espíritus manirrotos. Tenemos lo que tenemos, pero no podemos conformarnos con la mediocridad, la frivolidad y la mala administración.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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