No corren tiempos favorables para las Madres de Plaza de Mayo tras las denuncias de supuestas malversación de fondos públicos que salpican a la organización y cuyo testaferro Sergio Schoklender esta siendo investigado por la justicia argentina. El hombre de confianza, cuyas comprometidas declaraciones podrían hundir a una asociación que es sinónimo de lucha social dentro de la nación austral.
Un escándalo de corrupción y malversación de fondos públicos ronda a la
Asociación de Madres de Plaza de Mayo, la organización de las mujeres del pañuelo blanco, presidida por Hebe de Bonafini, que desde 1977 ha reclamado justicia para sus hijos: víctimas, muertos y desaparecidos de la dictadura militar, que gobernó con puño de hierro la Argentina de 1976 a 1983, a manos del tridente conformado por Emilio Massera, Jorge Videla y Orlando Agosti.
La entidad cívica, pieza clave del frente peronista y símbolo de lucha social en el país suramericano, atraviesa un período sombrío que amenaza con llevar al abismo a las Madres y a tres décadas de militancia política.
Su testaferro e “hijo adoptivo”, Sergio Schoklender, se encuentra en el punto de mira de la Fiscalía por el desfalco de 130 millones de euros del estado destinados a un plan de viviendas para la Fundación Sueños Compartidos a nombre de la asociación y a cargo de una empresa llamada Meldorek, S.A.
Pero la polémica no sólo va de que el exapoderado era propietario del 90% de dicha constructora, a cuyo nombre figuran lujosas mansiones y casas en Buenos Aires y la Patagonia, a la par de caprichos como un Ferrari, un Porsche, un yate y un avión privado; sino que también “mordió” la mano que le dio de comer, al revelar los mecanismos irregulares con los que presuntamente se financiaban las Madres.
Schoklender quien fue contactado por el periodista y escritor argentino
Martín Caparrós, autor del blog “Pamplinas”; aseguró que la organización recaudaba fondos mediante el robo en comercios, farmacias y supermercados de “la oligarquía”, a medida que sostenía vínculos con la guerrilla de las FARC,-contactos que se hacían en Venezuela-, con el propósito de entrenar a un grupo de jóvenes para un movimiento en Argentina que debía impulsar “la revolución”.
El extestaferro no dudó en señalar la complicidad de Hebe de Bonafani en tales movimientos al indicar que ella tenía conocimiento de cómo “el dinero aparecía mágicamente”. “Ella sabía de dónde venía, decía no me digas qué hiciste", indicó.

Asimismo sostuvo que la presidenta de la asociación lleva una ostentosa vida, gracias a que dispone de una sustanciosa cuenta corriente en la Caja de Ahorros de Asturias (CajAstur) que ha llegado a sumar
hasta dos millones de euros.
Tales acusaciones han sido vistas por los defensores de las Madres como una puñalada en la espalda de un hombre que no es precisamente considerado “trigo limpio” en Argentina, debido a que Bonafani entabló una estrecha amistad con Schoklender cuando cumplía una condena de 14 años por parricidio.
Por lo que tanto Cristina Fernández como el bloque oficialista, ponen en duda la veracidad de tales declaraciones. Sin embargo, el Gobierno ha preferido guardar el silencio y las distancias, para respetar el curso de la investigación, pero no así las Madres de Plaza de Mayo, cuya líder ha tachado de “traidor” y de “estafador” al que fuera por años su ojo derecho exigiendo “cárcel de por vida” para él.
El lado oscuro de las MadresSi bien las Madres de Plaza de Mayo suponen una enorme contribución para la democracia argentina, lo cierto es que su nombre también va asociado a un radicalismo que no ha ocultado
su simpatía hacia grupos terroristas como Eta, el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA) Eta o las FARC, al extremo de justificar las acciones violentas en aras de la “autodeterminación” y la “lucha de los pueblos”.
Incluso Bonafani mostró su apoyo
al mandatario iraní, Mahmoud Ahmadineyad, cuando se enfrentó en 2007 al propio Néstor Kirchner, por haber cuestionado a la República Islámica por su falta de colaboración en la investigación del atentado a la Asociación Mutual Israelita de Argentina (AMIA) ocurrido en julio de 1994.
De hecho la presidente de las Madres posee una larga colección de controvertidas declaraciones que siembran interrogantes sobre los principios de fondo de la asociación. Una de las más sonadas tuvo lugar en 2008 cuando llamó “una mierda” e “hijo de puta” al aquel entonces
presidente de Colombia, Álvaro Uribe, por el fracaso de una operación de rescate de rehenes en poder de la guerrilla, y no dudó en señalar que estaba con “los compañeros de las FARC”, y con “Chávez”.
Tal retrospectiva puede dar una nueva dimensión a las declaraciones de Schoklender, que visto lo visto, no está dispuesto a hundirse solo, aunque ello suponga seguir ventilando los presuntos trapos sucios de las madres más admiradas y queridas de Argentina.