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crítica de cine

Inmortales: Mickey Rourke contra los dioses

domingo 25 de diciembre de 2011, 12:00h
El director Tarsem Singh vuelve a dar rienda suelta con Inmortals. La superproducción, a cargo de los productores de 300, cuenta con el actor Mickey Rourke que reaparece después de su estupendo trabajo en El Luchador.
El irregular actor Mickey Rourke reaparece, después de su estupendo trabajo en El Luchador, como uno de los protagonistas de la última cinta de aventuras estrenada en nuestro país, Inmortals, a cargo de los productores de 300 y que, a pesar de sus tremendas carencias, es probable que salga vencedora en las taquillas, como ya ocurrió en Estados Unidos y Gran Bretaña el fin de semana de su estreno.

El director Tarsem Singh, responsable de cintas como La celda o The Fall, vuelve a dar rienda suelta a su potente estilo personal de dirigir que apuesta por lo visual a través de planos estáticos ralentizados en la cámara y que ponen, por tanto, el acento en lo que se ve con independencia de aquello, más o menos interesante, que se está contando. Y en esta ocasión lo que se cuenta es bastante pobre o quizás sea la forma de contarlo lo que resulta a todas luces bastante pobre. Singh nos deja claro desde los primeros fotogramas que lo que importa es lo que presenciamos, unas violentas imágenes de sangrientas batallas en las que vuelan las cabezas cortadas, con una estética que pretende acercarse a la de filmes épicos, sin tener en cuenta que en ellos lo que vemos adquiere sentido por aquello que nos están contando. Ya el inicio de la cinta no puede ser más decepcionante y uno tarda poco en darse cuenta de que dos horas van a ser probablemente demasiado, incluso para un relato que mezcla tres interesantes episodios mitológicos.

Mickey Rourke es el encargado, con solvencia a veces exagerada, de dar vida al cruel y sangriento rey Hiperión cuyo enfrentamiento con los dioses inmortales es el tema de la cinta. Harto de los dioses del Olimpo a los que culpa de sus desgracias personales, Hiperión reúne un ejército con el que pretende desatar la furia de los titanes dormidos, únicos capaces de acabar con los moradores del Olimpo y, de paso, conquistar el mundo. El mejor lugar para iniciar tan ambiciosa tarea es el templo donde reside la virgen oráculo junto a otras tres bellas mujeres, cuya única misión es rodear de cierto anonimato a la primera, a quien interpreta una terriblemente insulsa Freida Pinto. Ella es la única que puede ver más allá y, en todo caso, saber dónde se encuentra el ambicionado arco de Epiro que Hiperión quiere robar para acabar con éxito su particular cruzada.

No falta, por supuesto, el héroe guapo y valiente, o simplemente irresponsable con suerte, que va a enfrentarse al sádico rey de vestimentas y cascos imposibles, protegiendo a la dama que todo lo ve. Se trata de Teseo, un mortal campesino decidido a plantar cara al cruel enemigo o, más bien, elegido por los dioses para hacerlo, interpretado por el joven actor británico de fulgurante carrera Henry Cavill, a quien veremos pronto como el nuevo Superman. Junto a la pareja de buenos, y guapos, está el esclavo Stavros, a quien da vida el ya curtido actor norteamericano Stephen Dorff, que se une al pequeño grupo que se enfrenta al poderoso ejército para que el mundo no termine en tan nefastas manos. Otro secundario, conocido y reconocido, es John Hurt, que interpreta a Anciano, quien se ha pasado la vida educando a Teseo en el arte de la guerra a la vez que escondiendo su propio secreto. Junto a él completa el reparto Luke Evans que se mete en la inmortal piel de Zeus, quien no tendrá más remedio que bajar del Olimpo a la Tierra, en vista de las circunstancias que amenazan con liquidar el orden divino que parecía tener todo atado y bien atado. Pero nunca es así.