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El PSOE se descose

lunes 26 de diciembre de 2011, 00:19h
Bajan revueltas las aguas en Ferraz. Tras el manifiesto “mucho PSOE por hacer” -el de los afines a Carmen Chacón- y el “contramanifiesto” “yo sí estuve allí” -secundado por los fieles de Rubalcaba, la fractura es un hecho. Ni siquiera la mediación del mismísimo Zapatero, conciliador con ambos bandos, ha servido para que sus compañeros templen gaitas. Antes al contrario, lo que hay conseguido ha sido destapar la caja de los truenos, que empezó a abrirse tras el varapalo de las últimas elecciones.

Es positivo que el socialismo español afronte una refundación a conciencia, que le lleve a recuperar el norte –socialista e internacionalista, en lugar de nacionalista y etnicista- perdido durante unos últimos años ciertamente aciagos. Para ello, ha de encontrar a la mayor brevedad posible un líder capaz de hacer esa transición, tan complicada como crucial. Y el enfrentamiento cainita entre los dos bandos actuales denota que, a día de hoy, ese líder ni existe ni está siquiera en gestación. En gran medida, la responsabilidad principal recae en José Luis Rodríguez Zapatero, que se rodeó de una cohorte de mediocres cuyos “meritos” desembocaron en el descalabro electoral -a este respecto, resulta ilustrativo que el candidato preferido por el ya ex presidente sea Eduardo Madina, nada menos-. Ahora bien, tampoco están libres de culpa otros pesos pesados del partido, incapaces de dar un paso al frente por temor al reto que tendrían ante sí.

“Mucho PSOE por hacer” en es sí mismo una negación del pasado, pues es tanto como decir que durante estos ocho años no se ha hecho prácticamente nada, aunque se han deshecho bastantes cosas de lo que debe ser un partido socialista moderno. Tienen, eso sí, su parte de razón al acusar a “yo sí estuve allí” de haber escondido a Zapatero durante la campaña electoral, sabedores del efecto negativo que provocaba; nada más. Los primeros representan el fracaso de los mediocres -Leire Pajín, Carmen Chacón, Bibiana Aído- con más resentimiento y demagogia que otra cosa. Los segundos, al menos, tienen su haber una lealtad encomiable, y la defensa de unos supuestos logros obtenidos durante estas dos legislaturas a cuya reivindicación tienen todo el derecho del mundo. Los causantes del problema no pueden ser la solución; y menos aún, si postulan que aún “hay mucho por hacer”. Bastante han deshecho ya.

Ni que decir tiene que un partido socialista fuerte y cohesionada está en el interés general de los ciudadanos. En cualquier caso. En la coyuntura crítica por la que atraviesa España y Europa, esa premisa general es doblemente necesaria. Hemos sido testigos de lo ocurrido en Grecia y en Italia. No está dicho que en España –e independientemente de la aritmética parlamentaria- no vaya a ser necesaria la colaboración activa del PSOE.
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