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El Gobierno que necesitamos

Juan José Solozábal
martes 27 de diciembre de 2011, 21:25h
Parece indudable que nuestro tiempo es el tiempo del gobierno si estamos pensando en la rama del Estado a la que le corresponde el protagonismo en las difíciles circunstancias que vivimos. No se trata de planificar o establecer una estrategia con que adelantarse a lo que haya de venir, pensando a largo plazo en lo que conviene a la comunidad. La cuestión es hacer frente a lo que acontece, defendernos de lo acuciante, tomando las medidas que eviten el desastre y decidan en la crisis. Así ha sido necesario recurrir abundantemente al Decreto-ley como instrumento normativo imprescindible para adoptar las medidas que la situación económica ha ido demandando desde que sensata, aunque tardíamente, se asumió la gravedad de la coyuntura. Incluso asistimos a una reforma urgente de la Constitución con la que se trató de reaccionar de la manera más inequívoca posible a las exigencias de contención presupuestaria y control del gasto que se planteaban en el espacio europeo al que pertenecemos.

Afrontar la crisis requiere tomar decisiones en el momento, actuar expeditivamente, que es para lo que están los gobiernos. Los gobiernos, como estructuras de poder, no se identifican por lo que hacen, esto es, el tipo de cuestiones de las que se ocupan, pues en los Estados sociales de nuestros días, bajo su órbita se encuentran todo tipo de materias, como si estuviésemos hablando de reservas o terrenos acotados en los que han de moverse o, por el contrario, cuyo acceso se les supone prohibido. Lo que significa a los ejecutivos es el modo en que operan, la manera en que se produce necesariamente su actuación. Sin duda a los gobiernos les corresponde la intervención primera o inmediata y además discrecional o libre políticamente.

En las situaciones de excepción, no exactamente excepcionales, en que nos encontramos la tarea del gobierno que resalta es la de la cura de la comunidad o su función activa, frente a la función conservativa de asegurar la paz y tranquilidad, procurando la justicia, como se hablaba en la teoría constitucional medieval. La promoción de la justicia es una tarea proyectiva que se acomete previsoramente para el futuro en desarrollo de determinados planteamientos dependientes de presupuestos o criterios ideológicos. En estos momentos lo que ha de pedirse a quien dirige la nave del Estado no es tanto una ruta en pos de la vida buena o de la felicidad, como que nos salve de los escollos que amenazan la propia supervivencia de la comunidad.

Lo que tiene entonces delante el gobierno no es la realización de una actividad política entendida como creación o decisión sin límites sino una actuación determinada por las notas de la necesidad y de la urgencia. Hay que actuar como lo exijan las circunstancias y además ha de hacerse de modo inmediato. Los criterios para juzgar la actuación de gobierno no serán parámetros de justicia sino de adecuación a lo posible, y de eficacia. El gobierno es así, antes de nada, ejecutivo, esto es, estructura justificada por su utilidad y carácter resolutorio.

Es una suerte que el sistema de nuestra democracia constitucional facilite extraordinariamente este tipo de gobierno apropiado para el afrontamiento de la crisis. Como resulta bien sabido nuestra Constitución, principalmente al encomendar un rol de liderazgo al presidente, ha diseñado una estructura gubernamental que facilita la asunción por el ejecutivo de la dirección política del Estado. De otro lado, la posición de liderazgo del gobierno depende de su base parlamentaria establecida en estos momentos sobre unos cimientos de claridad y amplitud especialmente pertinentes. Por eso creo que no conviene ignorar, cuando sectariamente se cargan sobre el sistema electoral todo tipo de responsabilidades en relación con las deficiencias de nuestro modelo político, la contribución , modesta pero indudable, del régimen electoral, de base legal y constitucional, a la formación de gobiernos con suficiente apoyo y estabilidad parlamentarios, particularmente apropiados en situaciones como la presente.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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