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Una alcaldesa gallardoncrática

martes 27 de diciembre de 2011, 21:30h
Acabamos de asistir, casi sin darnos cuenta, al nacimiento de un nuevo subtipo de legitimidad weberiana. Si en Ciencia Política tradicionalmente se enseñaba que Max Weber, en su conocida obra El político y el científico (1919), hablaba de tres tipos de legitimidades del poder, a saber, la carismática -propia de determinados líderes dictatoriales-, la dinástica o histórica -caso de las monarquías- y la racional democrática -la de las naciones modernas y desarrolladas-, ahora nos hemos encontrado con el caso sui generis de la legitimidad gallardoncrática, esto es, Ana Botella accede a la alcaldía del Ayuntamiento de Madrid, porque así lo ha decidido el hasta entonces alcalde Gallardón, no el demos o pueblo de Madrid.

Repasemos los hechos con algún detenimiento. El 22 de mayo se celebran las elecciones a la alcaldía de Madrid. El candidato Gallardón niega por activa y por pasiva que Ana Botella le vaya a sustituir, y que su voluntad es agotar el mandato de cuatro años y cumplir la palabra dada a los madrileños. En este sentido se puede ver el periódico Cinco Días de 20 de mayo o Madridiario de un día antes. Incluso ya celebradas las elecciones y en el propio Pleno del Ayuntamiento de Madrid (Diario de Sesiones de 25 de octubre) vuelve a afirmar que él siempre cumple su palabra y que “no tiene previsto cosa distinta que terminar su mandato”.

Sin embargo, los hechos desmienten sus rotundas, pero vacías, palabras. Él ya no está en el Ayuntamiento y Ana Botella es la nueva alcaldesa que no ha pasado, como tal alcaldesa o número uno de la lista, por las urnas. Como número dos es legítima concejala, pero para serlo como alcaldesa debiera de haber sido la número uno. Es curioso que en política lo que hacen los otros es ilegítimo, pero si lo hace uno mismo pasa a ser legítimo.

Kant nos enseño que los principios éticos, para ser válidos, deben ser universales, no es de recibo que se aplique o lo exijamos a los demás, pero no lo apliquemos a nosotros mismos. Parece que en el PP esto no funciona así. Veamos algunos ejemplos. Cuando en el año 2004 Bono abandonó la Presidencia de Castilla-La Mancha para irse al Gobierno de España y le sustituye José María Barreda, el PP habló de fraude electoral producido a menos de un año de las elecciones autonómicas de 2003, pues Barreda no había pasado por las urnas. Esta fue la crítica que realizó Rosa Romero, presidenta del PP de Castilla-La Mancha. El argumento se repite en el año 2009, cuando Chaves deja la presidencia de Andalucía y le sustituye Griñán. Javier Arenas (PP) pide elecciones anticipadas, pues el nuevo presidente no tiene la legitimidad de las urnas, tal y como se recoge en ABC de 8 de abril. Yo puedo compartir sus críticas y estar de acuerdo con ellos, pues ciertamente no pasaron por las urnas como tales presidentes y el pueblo eligió para ese puesto a los números uno de la lista.

No es admisible que el PP critique a Barreda y a Griñán, con buen criterio, pero luego ellos hagan exactamente lo mismo en el Ayuntamiento de Madrid con Ana Botella y ahora digan que sí es legítimo. Caso distinto hubiera sido que Gallardón hubiera abandonado por enfermedad, causa mayor o renuncia y se hubiera ido a su casa, -como por ejemplo hizo Rosa Díez en 2007 con su escaño de eurodiputada por discrepancias ideológicas con el PSOE-, en ese caso la entrada de Botella sí me hubiese parecido legítima, pues es un supuesto sobrevenido y difícil de prever. Pero el caso que nos ocupa es bien distinto, conocido desde antes de las elecciones del 22 de mayo, donde por mero cálculo electoral se ha engañado al pueblo de Madrid que tiene una alcaldesa que, como tal, no ha sido votada, y todo ello cuando sólo han pasado seis meses de las elecciones.

En este suceso ha habido cuatro intereses en juego, tres han conseguido su objetivo, el interés de Gallardón, para ser ministro, el de Botella, para ser alcaldesa, el del PP, para no perder la mayoría absoluta y sólo uno ha quedado como convidado de piedra, el del pueblo de Madrid, al que no se le ha dicho la verdad y durante tres años y medio tendrá una alcaldesa que, como tal, no hemos votado.

David Ortega Gutiérrez

Catedrático de Derecho de la URJC

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