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Madrid: la privatización de lo público y la okupación de lo privado

martes 03 de enero de 2012, 01:32h
Al parecer, Kudera aseguraba que la definición del sistema comunista consistía en que era un mundo al revés en el cual lo privado se convertía en público y lo público en privado. Pues bien, salvando las distancias, se diría que Madrid lleva un tiempo dando algunos pasos en ese peculiar itinerario.

La Cabalgata de Reyes que tendrán lugar el próximo jueves vuelve a traer a colación que, desde hace años, Madrid, y de manera especial, sus zonas más céntricas, parece haberse convertido en el lugar predilecto para que cada cierto tiempo, y por unas u otras causas, sus calles, parques y plazas sean presa de todo tipo de eventos, ocupaciones, manifestaciones, actos de protesta…. Esta sistemática y recurrente “ocupación” de la capital de España supone en primer lugar una invasión del espacio público. Un espacio que es de todos y no solamente de quienes en cada uno de los casos parecen considerarlo como privado, impidiendo la libre circulación de los ciudadanos, que es, y no por evidente hay que dejar de consignarlo, un derecho constitucional irrenunciable.

Por otro lado, no resulta menor ni baladí el hecho de que todos esos actos que se apoderan de las calles de Madrid producen un considerable caos circulatorio y numerosas y variadas molestias a sus sufridos habitantes, convirtiéndoles en rehenes.

En la mente de todos está la reciente “toma” de la Puerta del Sol por el movimiento 15-M, que hizo de la emblemática plaza su “vivienda” durante meses, ante la indiferencia de las autoridades, que llegaron a hacer caso omiso de una resolución de la Junta Electoral Central, respaldada por el Tribunal Supremo. Como podría suponerse cuando se conculca de esa manera el principio de legalidad, la réplica, en sentido contrario, como “okupación” de lo privado no se hizo esperar: casas, pisos, teatros y otras propiedades privadas han venido siendo objeto de invasiones. Y no olvidemos, por citar algunos ejemplos, el “día del orgullo gay”, maratones varios y otras demostraciones deportivas, el paso del ganado trashumante, así como toda suerte de manifestaciones sindicales y actos de protesta, “botellones”… O la visita del Papa este verano, que prácticamente supuso la prohibición del tráfico de todo el centro de la ciudad durante varios días, junto a la instalación de centenares de confesionarios en el Retiro, el principal parque público de Madrid.

No se trata ahora, claro está, de juzgar la bondad o no, la idoneidad o importancia de cada uno de esos actos, manifestaciones, eventos… que vienen provocando la paralización ciudadana ni, por supuesto, de equipar unos con otros. Pero sí de llamar la atención sobre la privatización de lo público, con independencia de lo respetable o tradicional que puede ser el evento. La pasada semana volvía a repetirse con la celebración en la madrileña Plaza de Colón de la Fiesta de la Familia, que convirtió la plaza en un templo, y motivó el cierre a la circulación de Colón y calles aledañas desde las nueve y media de la mañana hasta las cinco y media.

Es preciso que no se repita esa dejación de la autoridad ante hechos como el del 15-M, que se apoderó de un espacio público durante meses, y que se habiliten otras fórmulas de gestión y desarrollo para acontecimientos religiosos, deportivos… Las autoridades deben garantizar que lo público, sea, verdaderamente, público. Y que se respete la propiedad privada. A costa de sus sufridos habitantes, Madrid no puede seguir siendo cada vez con mayor frecuencia y por un motivo u otro una ciudad “okupada”.
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