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El incierto litigio republicano comienza en Iowa

miércoles 04 de enero de 2012, 01:12h
El arranque de las elecciones primarias en el Estado norteamericano de Iowa es el inicio de una pugna política con un desenlace particularmente incierto. El Partido Republicano debe elegir al final de este complejo proceso un rival capaz de enfrentarse con éxito al actual presidente Barack Obama, en un momento en que este aparece particularmente vulnerable. Esa relativa fragilidad posee un componente meramente psicológico, ya que Obama concitó una formidable expectación mediática destinada a esfumarse tras el contacto con una crisis tan correosa y compleja como la actual. Los resultados de su presidencia distan mucho de las expectativas suscitadas y la aureola de su imagen se ve cada día más dañada.

Existe otro factor político menos psicológico que alienta estos días las esperanzas republicanas y que, objetivamente, es una gran baza favorable a sus aspiraciones, al mismo tiempo que encarna un profundo dilema que deben resolver las actuales primarias. En 2010, el Partido Republicano obtuvo la victoria en las legislativas gracias al impulso netamente conservador aglutinado en torno al Tea Party. Esta reacción debilitó los planes presidenciales, obligó a Obama a pactar con la oposición cualquier reforma, y, en más de una circunstancia, le arrebató la iniciativa política.

El éxito del Tea Party y su decidida resistencia a la línea política presidencial está en la base de las esperanzas renovadas y el dinamismo constatados en las elecciones de Iowa. También está en el centro la encrucijada que han de resolver los republicanos al final de este proceso. La cuestión central es decidir si es conveniente persistir en la línea maximalista del Tea Party –un fenómeno más complejo de lo que suele decirse y ,en determinados aspectos, más progresista de lo que suele creerse- , o es conveniente elegir un candidato más moderado que dispute los electores de centro a Barack Obama en las próximas elecciones presidenciales. En las primarias iniciadas en Iowa –un Estado poco representativo pero el primero en votar- se elige, pues, mucho más que un rostro para el cartel presidencial republicano: se dirime un planteamiento ideológico de fondo que conecte con las auténticas aspiraciones de la mayoría de la sociedad norteamericana.

La resolución a este dilema se mueve dentro de una extrema incertidumbre. El Tea Party ha sido la única oposición efectiva contra Obama, pero sus representantes en las primarias –como pudiera ser Michele Bachmann- esgrimen programas tan conservadores que resultan inasumibles para una mayoría del electorado. Frente a ellos, se encuentran candidatos republicanos mucho más moderados, entre los que destaca el ex gobernador de Massachussets Mitt Romney. Su perfil y planteamiento ideológico centrista –como gobernador respaldó el aborto y la subida de impuestos- podría disputar la presidencia a Obama con ciertas garantías de éxito. Esta es la fundamental encrucijada a la que se enfrentan las recién iniciadas primarias norteamericanas: o bien elegir un candidato fiel al programa del Tea Party, con el riesgo de tener un gran apoyo dentro el partido pero escasas oportunidades de robar votos al actual presidente, o bien elegir un político moderado menos fiel al purismo del Tea Party, con menos apoyo interno, pero con auténticas opciones de desbancar a Obama en el conjunto de la nación.

La resolución de este litigio dentro del Partido Republicano se presenta incierta y apasionante, en cuanto condicionará en el futuro la política norteamericana y su influjo en los acontecimientos internacionales. Los primeros resultados obtenidos en Iowa no dejan de ser poco más que testimoniales, pero el dictamen final tendrá una indudable trascendencia nacional e internacional en un momento clave. Un buen motivo más para seguirlo con redoblado interés.
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