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Viejo keynesianismo para un nuevo PSOE

jueves 05 de enero de 2012, 00:22h
El Gobierno ha tomado ya sus primeras medidas de ajuste, a medio camino entre el alza de impuestos y el recorte del gasto público. El Partido Socialista, aunque todavía a la búsqueda de un liderazgo, nuevo o viejo, que le guíe por el período que estará en la oposición, ha empezado a ejercer su labor con un discurso muy determinado. Los menores gastos, en un momento de recesión, lejos de ayudar contribuyen a ahondar dicha recesión, y pueden tener un efecto neutro, puede que incluso negativo, en la lucha contra el déficit.

Estas ideas fueron expuestas elocuentemente por John M. Keynes en 1930, en su Tratado sobre el Dinero, y ya entonces no pasaban por ser nuevas. La antigüedad de una idea no disminuye lo adecuado de la misma. Pero hay razones de peso para considerar que no son adecuadas. En primer lugar, lo que contribuye al desempeño económico no es el mayor gasto, sino el gasto productivo: el realizado en los usos más urgentes en lugar de dilapidar los medios en usos menos necesarios. Hay un consenso científico, en la medida en que ello cabe, que indica que el gasto público se guía por criterios en muchas ocasiones distintos de la productividad. En segundo lugar, el crecimiento exige ahorro: renuncia al consumo inmediato para poner los medios disponibles al servicio de la inversión, cara a una mayor producción futura. El gasto público es, en su gran mayoría, o bien consumo directo, o bien transferencias hacia personas que lo destinarán sobre todo al consumo, y no al ahorro. Si el gasto público favorece el consumo, no está claro que haga lo mismo con el crecimiento, que requiere penosa e inteligente acumulación del capital.

Y, en tercer lugar, porque la experiencia no parece estar aquí del lado del gran economista de Cambridge. Sin necesidad de remontarnos más atrás, podemos acudir a la experiencia más reciente. Cuando saltó la crisis internacional, el Fondo Monetario Internacional, a cargo del socialista francés Dominique Strauss-Kahn, invitó a todos los Estados de países desarrollados a recurrir al gasto público para salir de la crisis. Ellos, todos menos Alemania y alguno más, se lanzaron a una carrera de gasto que merecerá mención especial en los libros de historia económica. Hoy sabemos que esa política no ha dado sus frutos, que la crisis continúa, lacerante, y que ni siquiera podemos asegurar cuándo va a llegar a su fin.

Pero no obstante estas consideraciones, resulta difícil criticar al Partido Socialista por asumir ese viejo keynesianismo. Les otorga una visión a un tiempo atractiva y eficaz de criticar los recortes a que se vean abocados no sólo el Gobierno central, sino también los autonómicos, mayoritariamente en manos del Partido Popular. Y además está refrendada por varios economistas entre los que hay que contar con varios premios Nobel. Ahora bien, cuando crea haber encontrado al líder adecuado para este momento de la historia, deberá lanzarse a una renovación ideológica sin ambages, que le permita situarse de nuevo como una referencia para intentar lograr otra vez el apoyo una mayoría de la población.
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