La historia comienza en Iowa
Javier Rupérez
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jruperezelimparciales/9/1/9/21
jueves 05 de enero de 2012, 21:18h
Para sus partidarios, Mitt Romney ha puesto una pica en Flandes –o más bien en Iowa- al ganar los “caucus” republicanos que tradicionalmente comienzan la carrera hacia la Casa Blanca en año electoral y en ese estado del Medio Oeste conocido por sus inclinaciones conservadoras. Para sus detractores, el resultado –prácticamente igual que hace cuatro años en términos tanto absolutos como relativos- demuestra su falta de tirón y su incapacidad para ganar con fuerza en la elección para el candidato republicano a la Presidencia. En realidad ambos tienen razón: Romney confirma su preeminencia en el pelotón de aspirantes pero lo hace tocando el listón y en apretada ventaja – ¡ocho votos en una participación total de más de 120.000!- frente al ex senador Rick Santorum, conocido por sus opiniones tradicionales y al que comentaristas y encuestas daban por descartado hace apenas dos semanas.
Es esta, como todo el mundo sabe, una carrera larga y a menudo sangrienta y nadie en sus cabales sacaría conclusiones definitivas de lo ocurrido en el normalmente anónimo Estado cerealista, pero la competición ya tiene su pistoletazo de salida y conviene ir anotando los resultados provisionales. Michelle Bachman, la combativa representante conservadora por Minnesota próxima a los planteamientos del “tea party” se ha autoexcluido al contemplar los pobres resultados obtenidos en el “caucus”; Rick Perry, exitoso gobernador de Texas, tan voluntarioso en sus reclamaciones patrióticas como escaso de cacumen discursivo, casi ha hecho lo propio, aunque haya anunciado su decisión de continuar por el momento en la batalla: tampoco los de Iowa le han concedido especial atención y es la suya una campaña renqueante probablemente destinada al abandono; Newt Gingrich, el que fuera fogoso Presidente de la Cámara de Representantes en tiempos de Clinton, un antiguo “routier” de la política americana al que acompaña un pesado y contradictorio bagaje de sucedidos variopintos, se ha visto descolgado del grupo de cabeza -dice que como consecuencia de los envenenados anuncios televisivos que le he dedicado Romney- y se enfrenta a un futuro incierto.
Tres son los que salen de Iowa al frente de los aspirantes: Romney, Santorum y Ron Paul, el veterano representante por Tejas , ave peculiar en el panorama republicano conocido por la rotunda y tesonera exposición de sus convicciones libertarias pero al mismo tiempo capaz, como en Iowa ha demostrado, al ocupar el tercer puesto, de generar un notable seguimiento juvenil, leal, fiel y entusiasta. Precisamente aquel del que carece Romney, hasta ahora instalado en la inevitabilidad de su candidatura dada la “moderación” de sus convicciones y el consiguiente carácter “presidenciable” de su figura. Claro que con parecidos argumentos llegó también a Iowa en 2008 Hillary Clinton y no hace falta recurrir a los archivos para recordar lo que pasó. Paul es ciertamente una versión extrema y extraña del republicanismo y raro sería, por no decir imposible, que pudiera alzarse con la candidatura republicana, no ya con la Presidencia de los Estados Unidos de América, pero tanto el contenido de su discurso –individualista en lo social, aislacionista en lo internacional- como en la manera en que lo articula –fluido, coherente, sincero- despierta fácilmente la atención, ya que no necesariamente la adhesión, de capas ciudadanas acostumbradas a, y ahítas de, palabras que apenas pueden ocultar la insinceridad bajo el artificio retórico del politico de turno. Léase por ejemplo Mitt Romney.
Rick Santorum, la gran sorpresa del momento, es el Ron Paul de la derecha republicana: claro y contundente en sus opiniones, que expone sin disimulos ni complejos, fluido y coherente en la explicación de las mismas, al tiempo que humano y fotogénico. No sería inesperado que sus directores de campaña, pocos y sacrificados hasta el máximo, comenzaran a hablar de su “presidenciabilidad”. Tampoco sería excepcional que a partir de este momento, cuando las aguas electorales no sean tan conservadoras como las de Iowa, la tendencia de Santorum consista en acentuar los contenidos centristas y compasivos de su mensaje. A la postre el éxito o el fracaso republicano en las presidenciales de noviembre de este año se jugará en la bolsa de los independientes, de la que masivamente se benefició Obama en 2008 y de la que hoy salen sus miembros a raudales, desencantados con la gestión del que llegara a la Presidencia en 2008 en olor de multitudes. En cualquier caso bien haría Romney en cuidarse de Santorum. Nunca se sabe. En sus tiempos también se dijo que un actor de malas películas de Hollywood nunca podría llegar a ser Presidente de los Estados Unidos. Se llamaba Ronald Reagan.
Para Romney o para Santorum o para cualquier otro la tarea es hercúlea: navegar primero por las procelosas aguas republicanas, divididas entre moderador y “tea parties”, procurando no perder de vista el objetivo final, que no está en la Convención republicana sino en la Casa Blanca, para luego hacer frente al que todavía es inquilino de la mansión en la Avenida Pennsylvania, hoy en horas bajas pero siempre dotado de capacidad oratoria y verbo encendido, por si los recursos del poder no fueran bastantes. En Iowa los republicanos han comenzado a preguntarse quién sería el mejor candidato para conseguir que Obama fuera presidente de un solo mandato. Faltan todavía algunos meses y otras tantas primarias para saber si aciertan con la respuesta. No lo tienen nada fácil. Tampoco imposible.
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Embajador de España
JAVIER RUPÉREZ es académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
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