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Miles de policías, desplegados para controlar las protestas

San Francisco: graves incidentes por la antorcha olímpica

miércoles 09 de abril de 2008, 21:11h
Dos mil policías en colaboración con el FBI y fuerzas de seguridad estatales han logrado frenar, por el momento, las protestas de miles de manifestantes contrarios a que China sea la sede olímpica de los Juegos Olímpicos y ya han detenido, al menos, a una persona. El "Golden Gate", puente más emblemático de la ciudad de San Francisco, recibía con pancartas contrarias a China y favorables a la independencia de la región autónoma de Tíbet a la antorcha olímpica.

Unos 80 relevistas, rodeados de 700 oficiales de seguridad incluidos miembros del FBI, portarán la antorcha en un trayecto de 10 kilómetros a lo largo de una gran avenida paralela a la bahía hasta el sitio conocido como "Muelle del pescador", una de las atracciones turísticas de San Francisco.

Tres "capas" de agentes protegen el recorrido: un primer grupo correrá junto a ellos, otro circula a su alrededor en bicicleta y un tercero va en motocicletas Harley-Davidson directamente entre ellos y el público. Además, miembros de la policía seguirán el desfile desde barcos en la bahía para, en el caso de que haya problemas. Para completar la protección por tierra, mar y aire, la Administración Federal de Aviación restringirá el espacio aéreo sobre la mayor parte de la ciudad.

Pocos descartan el boicot a la inauguración de los Juegos Olímpicos

La presión mediática y las continuas protestas que han tenido lugar durante los últimos días en todo el mundo parece que han logrado reflexionar a las grandes potencias sobre la posible ausencia de sus líderes a la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos que comienzan el próximo 8 de agosto.

En primera instancia, el presidente francés, Nicolas Sarkzoy, advirtió a China de que podría no asistir a la inauguración si no liberaba a los presos políticos, reanudaba las conversaciones con el líder espiritual de los tibetanos y no cesaba la represión contra los protestantes de la región autónoma china. Más tarde, y después de que la candidata a la nominación demócrata para la presidencia estadounidense, Hillary Clinton, instara a George W. Bush a no asistir a la celebración, la Casa Blanca no descartó esta posibilidad. Sin embargo, el que sí ha anunciado que no presenciará la inauguración de los JJOO ha sido el primer ministro británico, Gordon Brown.

La carrera de obstáculos de la llama olímpica

La polémica elección de China como anfitriona de los Juegos Olímpicos auguraba un igualmente controvertido recorrido de la antorcha. Y así ha sido. Los abusos de la Policía china al reprimir las violentas manifestaciones del pueblo tibetano durante el pasado mes han sido empleados para justificar las protestas contra la decisión de permitir a la China comunista albergar un evento que simboliza la libertad, la igualdad y el juego limpio.

Desde que comenzara el pasado 24 de marzo, las incendiarias protestas contra la celebración de los Juegos Olímpicos en China han convertido a la frenética maratón de la llama olímpica hacia Pekín en una carrera de obstáculos, una prueba de resistencia en la que los corredores se enfrentan a durísimas condiciones e imprevisibles peligros. París y Londres (y puede que San Francisco también) han logrado apagarla a pesar de las extraordinarias medidas de seguridad desplegadas.

Los incidentes han marcado el periplo olímpico de la llama desde que fuera encendida en Olimpia, donde dos activistas por los Derechos Humanos irrumpieron en la ceremonia portando banderas negras con esposas que sustituían a los aros olímpicos representando la falta de libertades y la “sistemática” violación de derechos en la sede olímpica.

Decenas de oficiales chinos de azul y policías británicos, la mayoría de ellos encima de una bicicleta, trataban de cumplir, con grandes dificultades, la intrincada misión: proteger a los atletas y celebridades que portaban la flama olímpica por la ciudad de Londres. Durante el trayecto, varios manifestantes lograron romper el cordón de seguridad e intentaron tomar la antorcha y, aunque las fuerzas de seguridad detuvieron a algunos de los protestantes, la llama fue apagada en varias ocasiones.

Pero el paso de la antorcha por París no resultó menos complicado. Un férreo control policial, no menor que el despliegue empleado para garantizar la seguridad de un jefe de Estado, fue incapaz de evitar que la llama olímpica se extinguiera nuevamente. La jornada concluyó con decenas de detenidos como consecuencia de los incidentes que tuvieron lugar durante la misma.

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