Informe del [i]New York Times[/i] a causa del revuelo en la OTAN
domingo 08 de enero de 2012, 20:24h
Confesémoslo: la velocidad de transcurso a que están sometidas las relaciones internacionales desde hace años, causa un vértigo desconcertante.
Fijémonos en el escenario de Libia, donde hace dos meses escasos ha concluido la última guerra en el Mediterráneo.
Un conflicto interno entre leales al régimen de Gaddafi y unas milicias rebeldes surgidas “ex-nihilo” en la región de Cirenaica, condujo a las potencias euro-americanas, con Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia principalmente, a promover unas sanciones condenatorias del contraataque efectuado por los leales “versus” los rebeldes en varios frentes encadenados entre Misurata y Bengasi.
Con el respaldo de Naciones Unidas, la Casa Blanca y el Pentágono adoptaron la estrategia bautizada con el apelativo de “dirigir desde la retaguardia”, o sea, desde América. En una “finta” muy hábil, la administración Obama dio entrada a Francia y Gran Bretaña en el escenario libio, debido -según Washington- a los vínculos tradicionales del tándem franco-británico en el norte de África desde la segunda mitad del siglo XIX. El presidente Sarkozy y el gobierno de coalición en Londres se aprestaron a protagonizar una operación de castigo dirigida contra el tirano de turno.
Previo acuerdo entre las partes, Washington, París y Londres optaron porque fuesen las fuerzas de la OTAN -debido a su experiencia bélica- las llamadas a detener, primero, y a reducir, más tarde, a los defensores empedernidos del régimen de Gaddafi. La táctica aérea de ir desmantelando desde el aire los asientos militares y, a veces, civiles de los leales, se inició en los primeros días del mes de abril, para concluir el 31 de octubre. Tras siete meses de guerra en el Mediterráneo, los aliados obtuvieron el aplastamiento del tirano, de sus incondicionales, y de todo el “tinglado” sobre el que se edificó la “Yamahiriya” del Coronel. Se presentó la guerra a los noticiarios internacionales como un ejercicio de demostración ajustado, de bajos costes y de “cero” víctimas civiles. Con orgullosa satisfacción, las tres potencias vitorearon a la OTAN y se autoelogiaron por haber obtenido una victoria en poco tiempo y sin daños “directos” a la población autóctona.
Que se denomine guerra rápida a un conflicto bélico que ha durado siete meses, suena bastante a triunfalismo “démodé”. Y en cuanto al balance de “cero” víctimas civiles, que se dio por convincente hasta hace poco, ha venido a desmentirlo un reciente Informe sobre la guerra en Libia. Este documento ha caído como jarro de agua helada sobre las espaldas del secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen. A lo largo de 27 páginas conteniendo información concreta sobre los estragos y víctimas civiles causados por algunos bombardeos de las fuerzas aéreas de la Alianza en diferentes localidades libias (Brega, Majer, Trípoli, Misurata, Surt), el Memorandum, procedente de las altas esferas del “New York Times”, ha venido a contrarrestar un balance originario de la guerra, que se asemejaba a un cuento de hadas si leído a contraluz.
Ante la precisión fáctica de los datos que nutren el Informe, un portavoz del cuartel general de la OTAN con sede en Bruselas, no ha podido hacer menos que emitir un comunicado a los patrocinadores de la investigación “post-bellum” que se llevará a cabo en Libia durante varias semanas. Dice así el comunicado: “se desprende de la investigación que ha llevado a fin y sobre el terreno (el NYT), que civiles inocentes podrían haber muerto, o ser heridos, a pesar de todo el esmero y precisión puestos (por las fuerzas de la OTAN)”.
Huelga cualquier otra puntualización sobre el asunto de marras, salvo añadir que un poco más de comedimiento y prudencia en el tenor de los comunicados que ponen fin a las guerras euro-americanas en el orbe árabe-islámico, haría un grueso servicio a la imagen del vencedor en círculos y medios hipersensibles de ese orbe cultural y de la opinión internacional dotada de sentido crítico.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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