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Mitt Romney se coloca como favorito

miércoles 11 de enero de 2012, 21:29h
Mientras Barak Obama vive sus horas más bajas en la Casa Blanca, con aparentes deserciones incluso entre sus colaboradores más próximos, los republicanos realizan la indispensable criba entre sus posibles candidatos con la vista puesta en regresar al poder lo antes posible, es decir, el próximo 6 de noviembre. Hay muchos votantes de Obama que dejaron hace tiempo de creer en el “milagro” de su nombramiento como presidente, que parecía abrir nuevos caminos y, desilusionados, saben que, tarde o temprano, tendrán que decidir si volver a confiar en “Yes, we can”, podemos cambiar las cosas que no nos gustan de nuestra sociedad darwiniana o, por el contrario, optar por el pragmatismo, aceptando que el mundo no se cambia así como así, que los intereses y los grupos de influencia siempre gobernarán desde las sombras que proyectan las grandes fortunas y los lobbies de poder.

En general, los analistas políticos de Estados Unidos están de acuerdo en señalar que el empresario Mitt Romney es ahora mismo el mejor colocado para disputar la presidencia a Obama en las próximas elecciones. Sus triunfos, primero en Iowa y después en New Hampshire, así lo indican. De hecho, con ellos ya ha hecho historia convirtiéndose en el primer candidato republicano en ganar en las dos primeras citas electorales en 30 años. Su discurso moderado podría, además, atraer a esos votantes desencantados con Obama que votaron a su persona más que al partido demócrata y que ahora deciden volver a votar a los republicanos. Sin embargo, es precisamente este perfil moderado el que podría empezar a pasarle factura a Romney en las siguientes citas, como la próxima de Carolina del sur, porque a las bases más conservadoras de su partido no se les escapa que es, digamos, poco radical. Incluso sospechoso, porque durante su cargo de gobernador de Massachussets creó un sistema de seguro de salud que guarda bastante parecido con el impuesto por Obama en 2009 a nivel nacional, y el millonario político ya ha tenido que defenderse asegurando que “lo que sirve en un estado no sirve para todo el país” y que su primera decisión como presidente será abolir la reforma de salud del actual morador de la Casa Blanca. Lo cierto es que, en general y por fortuna, en Europa nos cuesta trabajo entender que el autoproclamado país más poderoso del mundo continúe peleándose por una cuestión tan básica como la protección sanitaria universal, pero está claro que allí sigue siendo un buen esqueleto que sacar del armario de un político republicano.

Tampoco parecen entender las bases conservadoras que Romney haya podido ejercer de gobernador de un estado de claro corte demócrata y le acusan con desconfianza de mantener un discurso distinto del que tenía entonces o, por lo menos, con opiniones que un candidato conservador no debería de haber tenido nunca, ni siquiera en sueños de rebelde adolescencia o en una vida anterior. Como siempre es difícil defenderse del propio pasado, peor aún en el caso de un político, Romney ya ha tenido que virar el timón con más fuerza para alejarse de cualquier parecido con Obama o alguna de sus políticas, aprovechando bien sus últimos discursos para arremeter contra él. Y, de paso, contra la vieja Europa, añadiéndola a su lista negra igual que tantas veces hemos hecho también a este lado del charco con su país, a pesar de que con Obama las alianzas nos hayan despistado un poco a todos. Así, Romney ha acusado a Obama de querer convertir a Estados Unidos “en un Estado europeo del bienestar”. Qué gran pecado. Seguro que con los injustos tiempos que corren, le habrán aplaudido sus palabras y hasta alguno se habrá creído que el estado del bienestar es el culpable de la terrible e inacabable crisis que vivimos a este lado, sin preguntarse qué o quién es el culpable entonces de la que padecen por allí.

Es la gran desgracia de la demagogia. Y la clase política, lo que más se parece en cualquier parte del mundo. El genial Ambrose Bierce en su Diccionario del diablo define al político como: “Anguila que mora en el fondo del lodo sobre el que se erige la superestructura de la sociedad organizada. Cuando se remueve confunde la agitación de su cola con el temblor del edificio. Si se le compara con el gran estadista tiene la desventaja de estar todavía vivo”. Sin comentarios. En cualquier país y en cualquier idioma y, por supuesto, sin generalizar – al menos, no del todo – porque si no siguiéramos teniendo esperanza en que existen políticos con verdadera vocación de servicio público, competentes y honestos, qué sería de nosotros.

En todo caso, a Romney aún le queda un buen trecho que recorrer y sería una incongruencia que precisamente el candidato con más posibilidades de quitar votos a Obama, fuera el que cayera de la lista a manos de su propio partido antes de poder librar la gran batalla, porque los republicanos se encuentren demasiado centrados en sacarle defectos en vez de en intentar aprovecharse de sus virtudes. Por ahora, lo que también define a Romney es la perseverancia, ya que no se trata de la primera vez que se embarca en refriegas políticas al más alto nivel: en 1994 se presentó como candidato al Senado y perdió frente a Ted Kennedy; y en 2008 perdió la nominación republicana que finalmente se llevó John McCain. Otro punto a su favor es la capacidad que ha demostrado para recaudar dinero y ya ha batido un record logrando recaudar fondos para su campaña por valor de 6.5 millones de dólares en un solo día. Y un punto en contra, su condición de mormón entre los cristianos evangélicos que constituyen un segmento importante del electorado republicano.
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