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El ansia impúdica de poder

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 13 de enero de 2012, 21:32h
La candidatura de Carmen de España es una «broma» (Leguina copyright); la de Alfredo, una broma de mal gusto; y la de Emiliano, ya ni te cuento, como a algún bromista con mala baba se le ocurra tirar de rima asonante utilizando como estribillo el nombre del alcalde de Toledo, liebre de Pepe Bono.

Se pongan como se pongan, mucho me temo que ninguno de los tres va a ser presidente del Gobierno; y además, como no espabilen, tenemos Mariano In saecula saeculorum.

El problema no es que un menda incompetente e irresponsable (y no estoy adjetivando sino sustantivando hechos consumados), pueda llegar a Premier, tal cual ha sido el caso reciente de la “eminencia” que ha ocupado Moncloa durante siete años. El problema es que ambicione serlo una «miembra» chachi pirulo sin oficio, o sea, que no ha doblado el espinazo cervical en su inexistente trayectoria profesional, como el antedicho, pero con la agravante de que para mayor “descogorcio” abjura de España, aunque ahora ande haciendo méritos a ver si consigue el papel de amazona para poder subirse a lomos de un caballo jerezano y trotar por las dunas de Doñana, reeditando así, en plan “tiaka”, el inolvidable anuncio de Terry.

Cuando escucho decir a la muy cínica que «fue un error primar el debate territorial sobre el social», no puedo más que corroborar que ni ella ni su sobrevalorado cónyuge dan más de sí que el mínimo coeficiente imprescindible para tratar a los militantes como auténticos “gilis”. Bajo el eslogan propagandístico sólo hay caspa, la soberbia del tonto que se cree listo, y una ignorancia oceánica.

Claro que el rival de la nena es como para echar a correr. El problema no es que aspire al trono un señor que acaba de pegarse un hostión del quince y que sólo por decencia torera tendría que quitarse de en medio al grito de ¡cuerpo a tierra! El problema es que ese señor tenga más historia que el mapa de la materia oscura del Universo fruto de la dedicación del equipo de astrónomos de la Universidad de Edimburgo y de la British Columbia canadiense. Empiezo a creer que Rubalcaba (el mismo que, según Felipe Alcaraz, se agarra más a la silla que una vieja en una moto), estaba aquí antes incluso de la llegada de los primeros dinosaurios.

Por eso y por mucho más, a este cronista las candidaturas de ambos le parecen más heavy que Black Album, el próximo disco de Metallica. ¡Qué fuerte!

En la “casa común de la izquierda” se han empeñado en rehabilitar el edificio en ruinas pompeyanas empezando por la chimenea, sin apuntalar antes las vigas maestras, y a fe que van a conseguir que se derrumbe todo el tinglado y no queden ni los cimientos. “Cofee, Guns and Candidates” (New York Times).

La alegría va por barrios. Si en USA son los conservadores quienes no levantan cabeza desde Ronald Reagan, aquí en el hipódromo ibérico quienes lo llevan crudo Brent son los progres. La diferencia entre unos y otros, no obstante, es tan abismal como los 6.000 y pico kilómetros de distancia entre el número 1.600 de la Avenida Pensilvania (el Ala Oeste de la Casa Blanca) y la Carrera de San Jerónimo. Al menos los herederos políticos de Abraham Lincoln ya se han percatado de que su papeleta no es una simple cuestión de liderazgo, que también, sino sobre todo de falta de ideas en el Partido Republicano, donde el elefante extraviado hace mucho tiempo que perdió el rumbo y vaga, errante, dando tumbos por el desierto de Arizona.

¿Qué son las ideologías sino un recurrente pretexto para desviar la atención de la carencia de ideas? ¿Cuándo van a caer en la cuenta de que la confianza perdida de los ciudadanos descreídos después de tanto embuste, tanto despiporre y tanta mangancia sólo se puede recuperar con una propuesta creíble que comienza necesariamente por predicar con el ejemplo?

O mucho me equivoco, o mucho me temo que ni la Niña de Felipe y ahijada política de Zetapé, ni el Químico, se han pasado la noche en vela, a la tibia luz del candil, leyendo las obras completas de Jean-Pierre Faye, empeñado en hacernos creer que el XX fue el siglo de las ideologías. Como tampoco imagino ni a Carme ni a Alfredo tratando de desentrañar las claves de The End of Ideology de Daniel Bell. Y ya puestos a rizar el rizo de la petulancia, me aventuro a dar por hecho que ni al uno ni al otro le importa un huevo la definición que hizo Max Weber del líder carismático.

Claro que si Cantoná se considera suficientemente preparado para ser presidente de Francia, y un tercio del electorado galo suspira por Marine Le Pen (que aunque está más maciza que su padre es todavía más ultra derecha que su progenitor), en el PSOE bien pudieran ahorrarse los navajazos traperos sopesando la posibilidad de ofrecerle el cargo al primero que pase por la puerta de Ferraz, mismamente al cartero, que como el mirlo blanco (que no es el caso del Invictus Tomás Gómez) siempre llama dos veces.

¿Qué es antes, el líder o la ideología? ¿El huevo, la gallina, o la tortilla francesa con huevina de unas primarias que pueden acabar como el Romancero gitano lorquiano? Muerte de Antoñito el Camborio: Tres golpes de sangre tuvo Antonio Torres Heredia, y se murió de perfil. Como dejó escrito Balzac, «todo poder es una conspiración permanente».

¿Cuándo caerán en la cuenta algunos prohombres insaciables de poder terrenal de que en este mundo de intereses creados, apariencias, hipocresía y ambición desmedida, casi todo lo que gira a nuestro alrededor es una farsa, como en el Calígula camusiano?

La capacidad de influencia, en determinadas profesiones, puede hasta tener un pase; pero el poder por el poder no puede conducir a nada bueno. Aunque no venga al caso, espero que no acabe siendo el caso de mi querido PedroJota, que debería embridar su ego superlativo para evitar la risa que produce ver publicado en El Mundo el ya tradicional ranking de los españoles más poderosos, y encontrarlo formando parte del Top 10. Otro que no tiene abuela.

Claro que así nos va, pues entretanto el país sigue embarrancado, con el agujero negro de los 20.000 millones de euros que han dejado de pufo los socialistas manirrotos y los caciques autonómicos de ambos bandos, mayormente los del PP, y con una reforma laboral que ha vuelto a poner en evidencia lo peor del lobby sindical y empresarial. Ni aquellos ni estos tienen un pase: los unos por su dogmatismo caradura, y los doses porque ni siquiera se han molestado en disimular que desde el primer momento han estado por la labor de torpedear la negociación, a sabiendas de que van a salir más beneficiados incluso si es el Gobierno quien dispone por decreto.

España, en venta, como el Bribón, como El Campo del Moro de Antonio López que Roures se ve en el compromiso de vender para evitar ser corrido a gorrazos por los trabajadores de Público, el libelo socialista que encontró en Miguel Barroso, el maromo consorte de Carmina, el principal valedor ante Zapatero, y que ahora se ha propuesto catapultar a su señora hasta la secretaría general del PSOE a golpe de señuelo marketiniano, que también rima con Emiliano y con Mariano.

Jorge Pujol: «Cataluña no se puede fiar de España». No sé si me produce más hilaridad escuchar las sandeces del ex presidente de la Comunidad autónoma catalana, o leer que un pobre hombre, vecino de Galicia, se ha llevado un disgusto de mil pares porque se quería auto-regalar para Reyes un alargador de pene y al abrir el paquete le ha dado un zamacuco al encontrarse de sopetón con la sorpresa de una lupa.

¡Believe in Spain! A la vista del panorama, no descarta el abajo firmante que se le vaya la olla este fin de semana y acabe apuntándose a la última quedada por Internet: ¡No Pants Subway Ride! (…) Me río por no llorar. Que suene la música, para que no se escuche mi llanto.

José Antonio Ruiz

Periodista

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