Herencia del 2011
José Manuel Cuenca Toribio
viernes 13 de enero de 2012, 21:43h
Los sombríos perfiles que, en el sentir de tertulianos y comentaristas varios, describirán la andadura del flamante 2012, no se deberán, al menos en porción muy considerable, a la herencia recibida de su antecesor. Esta, desde luego, ha sido bien desalentadora en todas las materias relacionadas con la economía, diosa mayor de las sociedades actuales y Primus Movens indiscutible de la civilización hodierna. Mas, con todo, se cuentan planos también esenciales para la salud y progreso de los pueblos en los que los avances y conquistas presidieron la existencia del año recién fenecido.
Así, por ejemplo, acontece en la evolución internacional. Ante la sorprendida y aún expectante mirada del resto del mundo, la del todo imprevista “Primavera árabe” sumergió en la historia a regímenes dictatoriales, férreamente asentados pocas horas antes de su estallido en el siempre muy sensible territorio del norte de África (Los últimos relatos, v. gr., de la segunda guerra mundial sostienen que más que en el Volga o en el Pacífico la suerte decisiva de la contienda se ventiló en las arenas de su desierto…). Al despuntar el año precedente, ni las cancillerías ni los expertos de los más acreditados think thanks podían imaginar un vuelco tan completo en países de ninguna o escasa experiencia democrática. Su sabroso anzuelo ha sido ya mordido igualmente por sectores estimables y crecientes de las naciones que en los viejos libros de geografía “colonial” se denominaban –bellamente…- el “Oriente, fértil”, y el futuro inmediato podrá ampliar la onda surgida en el Mediterráneo con la pronta reversión de la laica dinastía de los Assad en Siria, tras cuya caída nada volverá a ser igual en el mundo islámico y en todo el sistema internacional de alianzas y poderes planetarios y regionales.
Asimismo, en el África sahariana y negra se constató en el 2011 que las libertades continuaban ampliando su vigencia y ascendiente, sin que la involución ganara nunca decididamente sus batallas a las fuerzas progresistas, en muy lento pero también irrefrenable adelanto en casi toda la geografía subsahariana, palestra quizá privilegiada de la política internacional de la segunda mitad del siglo XXI, apremiada por el dominio de unas materias primas en trance de extenuación…
En una zona bien distante del continente africano, el Caribe, el año acabado de pasar a la jurisdicción de la historia registró posiblemente el comienzo del fin próximo del valetudinario sistema castrista. Si Obama continúa en la Casa Blanca tras las elecciones del próximo noviembre y no se adopta ninguna iniciativa yanqui que resucite el espíritu patriótico de los cubanos, no es descartable en modo alguno que enero de 2013 contemple ya en la isla antillana un horizonte democrático, en la desembocadura de un proceso puesto en acción en el año ha poco terminado. Para los muchos amantes del pluralismo y de las sociedades verdaderamente abiertas, la defenestración de Silvio Berlusconi en las postrimerías del 2011 constituyó sin duda al mismo tiempo una confirmación de su fe en el Estado de Derecho y en las libertades y una noticia muy esperanzada en la regeneración de la vida pública no sólo de la península italiana, sino también de la de todos los países occidentales estragados por la corrupción y la crisis moral. (Gentes un tanto malévolas o de muy ardida militancia conservadora opinarían tal vez igualmente que la desaparición temporal de la gobernanza estatal de los partidos socialistas en todo el Sur del Viejo Continente en el transcurrir del 2011 es una buena señal para reanudar la “auténtica historia” y reencauzar adecuada y provechosamente su convivencia en pro de un mejor destino… Naturalmente, dicho diagnóstico es por entero rechazable. Pero, incuestionablemente, la perspectiva de tal lance sería positiva si el apartamiento temporal de las responsabilidades gobernantes diera lugar a la revigorización y puesta a punto de un programa socialdemócrata en el que hallasen respuesta, desde su vertiente doctrinal, los temas que desazonan a las comunidades desarrolladas de nuestro tiempo, entre ellas, claro es, la española…).
En fin, hay vida tras 2011 y la habrá igualmente una vez enterrado el calendario del 2012, que, a la fecha, está pintado, pese a todo, con el color verde, es decir, con el de la esperanza depositada en el fruto del trabajo bien hecho incluso por los muchos que, desgraciadamente, no lo tienen remunerativo.