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los mercados, indiferentes ante S&P

Europa, al contraataque: ¿se convertirán los reguladores en agencias de rating?

domingo 22 de enero de 2012, 21:44h
El lunes, ante la alarma desatada en Europa por la bajada masiva del rating, el presidente del BCE, Mario Draghi, comparecía ante el Parlamento Europeo. “Hay que aprender a funcionar sin dar tanto peso a las evaluaciones” de las agencias de rating, dijo el máximo responsable de la política monetaria. “Reguladores, inversores y bancos han de ser más independientes de esas evaluaciones. Esa es la actitud que ya lleva aplicando en los últimos años el BCE”, remachó. Las declaraciones de Draghi fueron un bálsamo: la bolsa subió y la prima de riesgo permaneció estable.

¿Qué estaba diciendo Draghi? El mensaje entre líneas era que el banco –que ha rescatado a bancos privados y gobiernos desde que se desató la crisis-, es capaz de evaluar con mejor tino la solvencia de las naciones y los activos, ya que, en calidad de regulador, conoce mejor las cuentas que S&P, Fitch o Moody’s. Esta idea está cundiendo entre los inversores, como explicó recientemente el economista jefe de Intermoney, José Carlos Díez, en una conferencia sobre las perspectivas de 2012.

Es, precisamente, lo que el prestigioso Instituto Económico Alemán (DIW) sugirió al regulador alemán, el Bundesbank, esta misma semana: que se convierta en una agencia de rating para contrarrestar la influencia de las ‘tres hermanas’, como se conoce a S&P, Moody’s y Fitch.

A juicio de la economista del DIW Mechtild Schroeten, la situación podría cambiar “si se tuviera el valor y la sensatez para establecer dentro del Bundesbank la primera agencia pública de calificación de riesgo”.

Es decir, lo que se baraja es convertir al regulador en agencia de rating pública.

El profesor de Icade, Gonzalo Gómez Bengoechea, asegura a este diario que si bien es deseable que existan más agencias de rating de primer orden para que aumente la competencia entre ellas, los bancos centrales, públicos, no serían a su juicio la mejor opción, ya que estarían “tentados a hacer una valoración más positiva de la que se merecen”, por ejemplo, los Estados.

Esa ‘mayor competencia’ también fue reivindicada por el presidente del BCE ante el Parlamento Europeo, ya que, a menudo, las agencias actúan como un oráculo y ‘en comandita’, de forma que una vez que una toma una decisión sobre el rating, las otras la siguen tarde o temprano, lo que ayuda a esa imagen de infalibilidad.

Perro ladrador…
A pesar de las numerosas declaraciones de los políticos europeos contra la excesiva influencia de las agencias de rating e incluso de la justicia, con la imagen de la policía italiana interviniendo las oficinas de S&P en Milán en busca de pruebas para demostrar que manipulan el mercado, precisamente esta semana la Comisión Europea renunciaba a sacar adelante algunos de los proyectos de ley de un paquete normativo que pretende regular la actividad de estas firmas.

Quedaba fuera de este proyecto la prohibición de emitir análisis de los países rescatados o con problemas financieros. Sin embargo, se mantienen otras propuestas útiles para el control de las agencias, como la prohibición de calificar productos vinculados a los intereses económicos de sus accionistas.

El negocio de las opiniones
Las principales agencias de rating, S&P, Moody`s y Fitch, fueron llamadas a declarar ante el Senado norteamericano debido a los garrafales errores cometidos, como las calificaciones ‘triple A' a paquetes de títulos referenciados a hipotecas basura, y su responsabilidad en la crisis. En este sentido, las agencias no pueden estar más blindadas: todas las calificaciones que emiten son una ‘opinión’ y no obligan a nadie a tenerla en cuenta.

PIE DE FOTOAsí, podría decirse que su labor en las finanzas sería equivalente a la de la guía Michelin en la alta cocina. Pero, al igual que sucede con las opiniones de la prestigiosa guía francesa, el debate sobre la independencia de criterio a la hora de emitir esas ‘opiniones’ tan influyentes es discutido.

Las agencias de rating son compañías privadas cuyo beneficio –millonario- se genera de la actividad de la calificación. Cobran a sus clientes y, también, a los calificados. Es decir, una entidad se ve obligada a pagar para que estas agencias le pongan nota.

Se trata de grandes firmas, que cuentan entre sus accionistas con algunos de los principales fondos de inversión del mundo. Por ejemplo, los principales accionistas de Moody’s son Berkshire Hathaway –el fondo de inversión del multimillonario Warren Buffet, habitual de las listas Forbes de los más ricos del mundo, Capital World Investors, propiedad de Capital Group Companies, uno de los mayores fondos de inversión del planeta, con unos activos de aproximadamente un billón de dólares, una cantidad que se acerca al PIB español, es decir, toda la riqueza que crea España en todo un año.

Esta firma también está presente como mayor accionista de McGraw-Hill, que, a su vez, es propietaria de S&P. Repasando el plantel de accionistas de estas compañías también aparece otro de los todopoderosos brazos del mercado, el fondo de inversión Black Rock. Como estos vehículos tienen inversiones de todo tipo en los mercados, la sospecha de que oscuros intereses pueden pesar en las opiniones que emite la agencia son constantes. Incluso se ha hablado de conspiración contra el euro por parte de estas agencias.

Por su parte, Fitch Ratings, es propiedad, en un 60% de la francesa Fimalac, por lo que es la más europea de las tres grandes. El resto es propiedad de Hearst Corporation.

La última palabra, la del inversor
Como se ha demostrado esta semana, la última palabra la tiene el inversor, es decir, el que acude a comprar la deuda. España, tras la dura rebaja de su rating de solvencia hasta ‘A’ ha salido en dos ocasiones a pedir prestado a los mercados. La segunda de ellas, de bonos a largo plazo –aquellos en los que la opinión sobre la solvencia española tiene más relevancia- consiguió superarse colocando 6.600 millones de euros a tipos más bajos. Es decir, que en este caso, S&P no influyó para nada. La propia agencia se ha justificado diciendo que es porque los mercados, de hecho, tienen peor opinión de España que S&P, lo que, en todo caso, también evidencia una pérdida de prestigio e influencia de la calificadora.

Los analistas también reflejan estos traspiés en la influencia de las agencias. “El poder de las agencias de rating se está viendo disminuido por los grandes errores cometidos”, afirma Soledad Pellón, de IG Markets, “sin embargo, su papel es aún inevitablemente importante, dado que muchos fondos de inversión tienen por obligación tener en las carteras activos con ciertas notas a la hora de invertir”. Se trata de la famosa obligación de algunos fondos de inversión conservadores, como los de los fondos de pensiones, de invertir tan sólo en productos ‘triple A’.

Gómez Bengoechea, por su parte, no tiene tan clara esta pérdida de prestigio: “los ratings son un baremo que los inversores tienen en cuenta, porque están bien hechos”. Para este economista, “en el momento en que perdieran su validez serían los inversores los que dejaran de hacerles caso”, asegura. La última palabra la tiene el inversor.
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