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Crónica económica

La estrategia de Gran Bretaña para la UE

miércoles 01 de febrero de 2012, 20:25h
Las primeras palabras de David Lidington han sido para Benjamin Disraeli, quien en 1830 visitó nuestro país. Quedó impresionado por el paisaje de nuestro país, y compartió su admiración con su hermana, por carta. No habría quedado en más que eso si no fuera porque Disraeli sería primer ministro, y uno de los más señeros de la Gran Bretaña victoriana. No es que Lidington quisiera compararse con Disraeli, pero lo tomó como punto de referencia para expresar su propia admiración por España.

Hechas las presentaciones, el ministro de Gran Bretaña para la Unión Europea expresó cuál es la visión que tiene su país para el futuro de Europa. El centro de gravedad económico se desplaza rápidamente hacia el océano Pacífico. El Atlántico es el océano del pasado. América sigue siendo importante, puesto que comparte las dos orillas, pero Europa no. El curso de la historia se le escapa. Ahora, que el Viejo Continente, quizás para lavarse la cara, recela de su propia historia. La cuestión es que Europa pierde importancia económica. El crecimiento está en otros lugares, a un océano o un continente de distancia de donde vivimos. En Brasil, India, China… Y no se trata de una situación coyuntural, marcada por la crisis fiscal europea, sino que se va a mantener en las próximas décadas. Y con la pérdida de poder económico, viene aparejada la pérdida de poder político.

Gran Bretaña no pertenece al euro. Gran Bretaña tiene una relación ambivalente respecto de la Unión Europea. Fundó las primeras instituciones, y la primera comunidad, la Comunidad Económica Europea. Estas instituciones han ido mucho más allá que una mera cooperación económica. Se han convertido en una amplia, compleja y pesada red de instituciones de gobierno. Gran Bretaña, ya desde que Inglaterra jugaba sus bazas europeas en la Edad Media, tiene una vocación internacional, global ya. Perdió su imperio, pero no la pretensión de ser un centro económico, político y militar de relevancia.

Pero pertenece a la Unión Europea, y ésta se hunde en su propia maraña de regulaciones, impuestos, corrección política y Estado de Bienestar. Es el “modelo europeo”, al que nos aferramos, mientras se nos escapa de las manos el curso de la historia. David Lidington ha dicho que “Europa no puede seguir mirando hacia adentro”. Tiene que mirar al resto del mundo. Y, con esta clave, Lidington plantea un programa de recuperación de Europa que pasa por cambios hacia adentro y hacia afuera. Los primeros pasan por liberalizar el mercado interno, reducir la burocracia y reducir los impuestos. Mientras que los segundos apuntan a una apuesta por el libre mercado y la búsqueda de nuevos mercados.

En definitiva, como ha apuntado David Lidington, aunque Gran Bretaña no pertenece al euro, está en su interés nacional que el euro sea una moneda de éxito.
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