Banca: una reforma necesaria
sábado 04 de febrero de 2012, 01:09h
Un observador extranjero señalaba cáusticamente que el gobierno anterior había legado al nuevo Ejecutivo una lata llena de gusanos. Con esta imagen, quizás no del todo justa, se refería a los distintos problemas económicos que tiene que atender Mariano Rajoy y su equipo, que además se refuerzan unos a los otros. La desaceleración exacerba el desempleo, que pone en riesgo el déficit público y la solvencia de los préstamos de la banca que, a su vez, seca el crédito, lo que dificulta la recuperación. La economía tiene este imbricado juego de relaciones que, en ocasiones, resulta casi detestable por su complejidad.
El Gobierno de Rajoy, por el momento, está dando señales de que atiende todos los problemas, o que lo hará en un plazo breve. Una de las reformas más importantes es la financiera. Las medidas adelantadas el jueves por el ministro de Economía, Luis de Guindos, y aprobadas en Consejo de Ministros, no suponen una ruptura con la política anterior, sino por el contrario una continuación. La mayor novedad es que aceleran el proceso iniciado bajo el anterior gobierno, y que el control del proceso recaerá bajo el Ministerio de Economía, y no el Banco de España.
El plan tiene tres ejes. El primero es el saneamiento de los balances de bancos y cajas. Será de 50.000 millones, de los que 10.000 se corresponden con provisiones genéricas (destinadas a préstamos en principio sanos) y el resto con provisiones específicas: para cubrir las pérdidas derivadas de reflejar una caída en los precios de determinados activos inmobiliarios. El objetivo es que una vez hechas estas provisiones, se podrán vender los activos al precio de mercado y podrán cubrir con ellas las pérdidas contables entre el valor de los activos en los libros y el de mercado. Una vez toda la banca siga este proceso, se ganará la confianza del inversor global, hoy perdida, y podrá financiarse fuera para luego canalizar esos fondos hacia la economía española.
El segundo eje es el de las fusiones. El Gobierno busca que las entidades ya consolidadas absorban a las más débiles, lo que unido al proceso de saneamiento, dará como resultado un sector financiero más fuerte y racional. Apoyará este proceso, y este es el tercer eje, con préstamos del FROB que, de convertirse ellos mismos en préstamos fallidos, se convertirían en acciones de la sociedad financiera. Es decir, que no se permite, simplemente, que las entidades que no sean suficientemente sólidas, quiebren. En tal caso, sus activos se venderían y distribuirían en el mercado a las empresas que las valorasen más y el mercado se fortalecería y sanearía. Es la respuesta tradicional a las crisis bancarias, y es la más propia del mercado. Pero ni este Gobierno ni el anterior se lo permiten. En conjunto, la reforma está bien encaminada, aunque cae un poco en el estatismo. Y sus resultados son todavía inciertos. Esperemos, por el bien del país, que surta efecto.