La condena de Alberto Contador
martes 07 de febrero de 2012, 00:06h
565 días ha tenido que esperar Alberto Contador para conocer la resolución del Tribunal de Arbitraje Deportivo -TAS- por su positivo en clembuterol: dos años de suspensión. En realidad, serán seis meses los que Contador tenga que estar parado, pues ha cumplido ya casi año y medio de sanción provisional. Eso en cuanto a tiempo, porque hay otra condena, igual o más dura si cabe, que es la moral. El propio TAS reconoce en su sentencia que no está probado que Contador se dopara pero, pese a todo, le sanciona. Y el problema es que, en nuestro sistema occidental de justicia. Lo que hay que probar es la culpabilidad.
La lucha contra el dopaje en el ámbito deportivo es una cuestión prioritaria, con independencia del deporte de que se trate o de la notoriedad del deportista que sea. El mismo año en que a Contador se encontraron restos mínimos de clembuterol, 109 futbolistas dieron positivo por cantidades bastante superiores, aunque a ellos la FIFA les perdonó. Los controles a que son sometidos los deportistas de alto nivel -sobre todo, los ciclistas- son cada vez más exhaustivos. Además, el comportamiento de Contador en este sentido ha sido siempre irreprochable; buena prueba de ello es la credibilidad de su inocencia entre sus propios compañeros.
Ahora, Contador tiene la vía de la justicia ordinaria, aunque el daño ya está hecho. Pierde casi toda la presente temporada y, lo que es peor, adquiere un estigma de sospechoso que le perseguirá durante toda su carrera. No parece que un filete en mal estado justifique una sanción tan excesiva, por más que las autoridades ciclistas pretendan ejemplificar con una figura pública. Máxime cuando no se ha podido acreditar la principal acusación.