crónica política
Primer cara a cara Rajoy-Rubalcaba: “Ni chicha ni limoná”
jueves 09 de febrero de 2012, 01:48h
El Congreso de los Diputados ha acogido el primer cara a cara entre el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el nuevo secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba y en el que ha quedado latente las primeras diferencias a las primeras medidas tomadas por el Gabinete popular para combatir la crisis.
Primer cara a cara en el Congreso de los Diputados entre el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el nuevo secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. Y no uno, sino dos. El primero, con motivo del Pleno dedicado al Consejo Europeo celebrado el pasado día 30 de enero en Bruselas, donde el presidente del Gobierno explicó las primeras medidas tomadas por su Gabinete para combatir la crisis. El segundo, en la habitual sesión de control de los miércoles al Ejecutivo. Pero como señalan analistas políticos consultados por este diario, “este primer enfrentamiento ha sido de guante blanco, ni chicha ni limoná, quizás por la novedad de los dos contrincantes en sus cargos, en el que los golpes duros no han existido y ambos se han limitado al tanteo”.
Rajoy ha destacado durante el Pleno de la Cámara Baja dedicado exclusivamente al Consejo Europeo que aunque las primeras medidas que su Ejecutivo ha aprobado contra la crisis económica y la terrible tasa de desempleo existente en España tardarán en conseguir efectos, incluso con un empeoramiento del número de parados en los próximos meses, nuestro país “va a dar un vuelco a esta situación”. En su comparecencia, el jefe del Ejecutivo ha detallado minuciosamente sus primeras actuaciones contra la difícil situación económica. Precisamente, éste meticulosa explicación de Rajoy ha provocado la primera crítica del nuevo secretario general del PSOE, que ha aprovechado para criticar al presidente del Gobierno por utilizar este Pleno de análisis del Consejo Europeo de Bruselas como altavoz de sus medidas y no como un foro para debatir lo que se aprobó en importante reunión comunitaria. Y dicho esto, como señalan las fuentes consultadas por este diario, ambos se han enfrascado discusiones bizantinas, como el uso político de conversaciones “pilladas a micrófono abierto”, como la del presidente del Gobierno en ese Consejo Europeo con los primeros ministros de Holanda y Luxemburgo y en el que les aseguraba que la reforma laboral le iba a costar una huelga general. En una postura de “y tú más”, ambos se han reprochado incidentes mutuos y de sus respectivos partidos en los que han sido “cazados” por micrófonos o cámaras.
José María Aznar, por su parte, también ha querido lanzar un mensaje de optimismo, como ha hecho Rajoy, ante las dificultades que atraviesa nuestro país. Si el jefe del Ejecutivo ha expresado que España “va a dar un vuelco a esta situación”, el ex presidente del Gobierno ha subrayado que “vuelve a tener ambiciones que merecen ese nombre. Vuelve a querer estar entre los mejores. Vuelve a querer ser una de las mejores democracias del mundo. Tengo una gran confianza en que, pese a las dificultades, podremos lograrlo”.
Por otra parte, el ministro de Justicia ha tenido que dar este miércoles explicaciones. Tras sus polémicas declaraciones del martes en las que afirmaba que, a título personal, el matrimonio homosexual entra dentro de la Carta Magna, a expensas de lo que decida el Tribunal Constitucional, este miércoles ha tenido que responder en la sesión de control al Gobierno a una pregunta obvia por parte de la oposición: “¿Por qué no retira entonces el PP el recurso de inconstitucionalidad?”. Hábilmente, Alberto Ruiz Gallardón ha echado mano de la legislación para argumentar que como ese recurso no fue presentado por este Gobierno ni por el actual Grupo parlamentario popular, legalmente no se puede retirar. Lo ha dejado claro: “La doctrina del Tribunal Constitucional impide al grupo subsiguiente retirar un recurso que trae causa del anterior”.
Última sesión del juicio que el Tribunal Supremo ha llevado a cabo contra el juez Baltasar Garzón por el presunto delito de prevaricación al haber investigado crímenes del franquismo obviando la ley de Amnistía y las órdenes contrarias recibidas desde la Audiencia Nacional. El fiscal Luis Navajas, “alienado en sus argumentos con la defensa del juez desde el principio del caso”, según las fuentes jurídicas consultadas por este diario”, ha subrayado en su exposición final que en todo caso el ex magistrado de la Audiencia Nacional podría haber dictado “resoluciones incorrectas y equivocadas, pero corregibles por la vía de los recursos, no por la de una querella por prevaricación”. Navajas ha destacado, como han hecho durante el proceso los seguidores de Garzón, que una resolución condenatoria tendría un “efecto devastador y atentaría contra la independencia judicial”.
Por su parte, el juez acusado ha asegurado en su último turno de palabra que “el tribunal del hombre es su conciencia. Mi conciencia está tranquila.
Tomé las decisiones que entendí ajustadas a derecho para investigar, perseguir y sancionar crímenes masivos de desapariciones que aún permanecen, como única defensa que tienen las víctimas para que no se produzca el olvido y la falta de memoria”. Ahora será la sala de lo Penal del Tribunal Supremo quien juzgue si los argumentos de Baltasar Garzón son válidos para justificar su inocencia ente la acusación de prevaricación.