El triángulo de las Malvinas
jueves 09 de febrero de 2012, 23:12h
A poco menos de dos meses de conmemorarse el 30 aniversario de la guerra de las Malvinas, las tensiones entre Londres y Buenos Aires, en vez de apaciguarse con el paso del tiempo, se han ido acrecentando, al punto de llegar a la crispación. Sin embargo en esta batalla diplomática por el disputado archipiélago del Atlántico Sur, cuya soberanía Argentina demanda desde 1833, la presidenta Cristina Fernández suma más puntos a favor que el primer ministro británico David Cameron. Tanto porque sus vecinos suramericanos y los distintos bloques que integran al subcontinente como el Mercosur, la Unasur o la ALBA, han manifestado su solidaridad y apoyo a Argentina, como porque la mandataria ha manejado con astucia la no-diplomacia de la que se ha hecho eco el Reino Unido. País que optó por enviar al segundo heredero de su corona y algún buque de guerra a las Islas, mientras acusa al gobierno de Fernández de colonialista, contradiciendo lo que, a todas luces, parece ser la realidad histórica. Es indudable que la Presidenta y viuda ha echo alarde de sus encantos políticos y populistas, para advertir que llevará una queja formal al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, convenientemente escoltada por veteranos de la guerra del 82 y con un mapa “albiceleste” del disputado archipiélago, de fondo.
Pero además de esa campaña cara a la galería, no hay que poner en duda de que la Casa Rosada está moviendo muy bien sus piezas diplomáticas y armando su cónclave para la querella. Fernández no ha caído en la tentación de movilizar tropas ante el despliegue británico en las Mavinas-Falklans, como tampoco en darle a sus réplicas, al inapropiado tono utilizado por el Ejecutivo de Londres que se niega a negociar la soberanía de las islas; debate que lleva décadas sobre la mesa del comité de descolonización de la ONU. Un archipiélago poblado más por lobos marinos que por personas, pero con el curioso dato de que en su suelo marino se esconde millonarias reservas de petróleo y pesca. Sea como quiera, lo único que ofrece pocas dudas es que ambos países tienen cosas de mayor entidad y más urgentes de que ocuparse que del apolillado pleito: las cosas que de verdad interesan a los ciudadanos argentinos y británicos.