Lortu Dugu. El cese de la violencia de ETA
Francisco Jose Llera Ramo
viernes 10 de febrero de 2012, 22:08h
Este es el lema en lengua vasca de la manifestación anual en Bilbao con la que Gesto por la Paz cierra sus más de 25 años de movilización pacifista contra el totalitarismo y la violencia en el País Vasco y Navarra. En efecto, tal y como dice su lema, “lo hemos conseguido” y, por eso “el futuro es nuestro”. Con esa conclusión de su rica y encomiable trayectoria, no exenta de detractores, conectan con el sentir actual de la gran mayoría de la sociedad vasca (ver el último Euskobarómetro), que les atribuye a ellos y a tantos otros el mérito de que, gracias a su movilización y su resistencia, han contribuido a darle la puntilla definitiva al monstruo totalitario.
Estamos al final de los años 70 y en el seno de una iglesia vasca, muy sensible a las demandas nacionalistas y al “sufrimiento identitario”, pero poco proclive a la compasión con las víctimas del totalitarismo nacionalista. En ese clima denso de miedo, control social totalitario, complacencia, connivencia e incomprensión de las pequeñas poblaciones vascas comienzan a reunirse grupos de cristianos comprometidos, que reflexionaban sobre la violencia e inician la buena, y peligrosa, costumbre de manifestarse en lugares emblemáticos cada vez que se producía una víctima. Casi al mismo tiempo, las víctimas intentan salir de su victimizado silencio y crean en 1981 la Asociación de Víctimas del Terrorismo, de la mano de Ana Mª Vidal-Abarca, viuda de Jesús Velasco, el jefe de la policía foral alavesa, asesinado por ETA en 1980. Poco a poco la marea fue creciendo y los 6 primeros grupos crean la Coordinadora Gesto por la Paz en 1986, que tres años después ya reuniría a más de medio centenar de grupos locales del País Vasco y Navarra, ampliando su campo de acción y su nombre (le añadirían “de Euskal Herria”). Años después, seguíamos siendo cuatro gatos los que nos íbamos sumando a ellos y nos juntábamos en el hexágono de la Fac. de CC. SS. de la UPV, en la Plaza de España, en el Arenal o en Moyúa en Bilbao, como en tantos otros sitios (casi dos centenares). Mejor no recordar las cosas que se han tenido que oir y soportar tantas veces, mayormente de tirios, pero también de troyanos. Sus marchas anuales, evocando a Gandhi, o las grandes manifestaciones ocasionales contra ETA, celebradas en las capitales vascas y Navarra, marcaron una senda de movilización no violenta y de concienciación ciudadana, que junto con otros movimientos y organizaciones, han sido determinantes para el cambio de opinión en el País Vasco. Así en 1992 Cristina Cuesta puso en marcha Denon Artean en San Sebastián. La campaña del “lazo azul”, que simbolizaba la A de askatu (libertad en euskera), iniciada en 1993 con motivo del secuestro de Julio Iglesias Zamora y reiterada durante los cuatro últimos, que le sucedieron (José Mª Aldaia, José A. Ortega Lara, Cosme Delclaux y Miguel A. Blanco), simbolizaba la lucha unitaria contra ETA.
Con este “gesto”, se extendía la resistencia ciudadana a la vida cotidiana, con evidente riesgo, pero supuso un punto de inflexión definitivo en la movilización social contra la violencia y el totalitarismo en la segunda mitad de esa década. Como no recordar que, gracias a ellos, una parte de la sociedad vasca rompía la espiral del silencio, el techo de cristal del miedo y la estigmatización y tomaba conciencia de la letalidad del discurso de la resignación. En 1996 el movimiento Manos Blancas inicia su andadura tras el asesinato del profesor Tomás y Valiente en la Universidad Autónoma de Madrid, en 1998 nace el Foro de Ermua, tras el asesinato de Miguel Angel Blanco, y en 1999 el Foro el Salvador para denunciar el silencio eclesial y, sobre todo, Basta Ya, cuestionando la orfandad política de la ciudadanía. La marea ya era imparable y muy eficaz en la deslegitimación del terrorismo y el totalitarismo nacionalista, hasta el punto de provocar la contrarréplica de unos con su Elkarri (más tarde Lokarri) y la de todo el nacionalismo con su ignominioso Pacto de Lizarra. Hay que reconocerle y agradecerle a Gesto que con, sus gestos sencillos y nada pretenciosos, haya puesto la espoleta a un movimiento imparable de libertad y dignidad en la sociedad vasca. Pero, al mismo tiempo, que haya tenido tan claro su objetivo de conseguir el cese de la violencia y la dignificación de sus víctimas, que, con la misma dignidad con la que ha luchado, haya puesto fin a sus gestos, proclamando que queda mucho trabajo por hacer en la erradicación de las consecuencias y la cultura de la violencia hasta conseguir la verdadera reconciliación. Pero, en efecto, el futuro ya es de todos.
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Director del Euskobarometro
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