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Whitney Houston, the greatest love of all

domingo 12 de febrero de 2012, 12:27h
Cuando aún se desconocen las causas oficiales del inesperado fallecimiento de Whitney Houston en un hotel de Los Ángeles, todos sus fans vuelven la cabeza hacia las drogas y los graves problemas emocionales que la voz cristalina del pop llevaba años arrastrando, para echarles la culpa.

También hacia su ex marido, Bobby Brown, con quien compartió peligrosos colocones y de quien recibió malos tratos, celos y humillaciones. Cuando alguien que lo tuvo todo y lo fue todo muere repentinamente a los 48 años de edad, algo o alguien tienen que tener la culpa.

Whitney Houston cambió muchas cosas en el mundo de la canción, por su increíble tesitura y también por su magnífica apariencia exterior. En la época de los 80, cuando las canciones acababan de saltar desde los discos a los videoclips, tener la ocasión de escuchar potentes temas de amor y desamor interpretados por una estupenda mujer de cuerpo y rostro perfectos, hizo que Whitney alcanzara los primeros puestos de las listas de los discos más vendidos dentro y fuera de su país. Su elegante expresión vocal, tan limpia que cualquiera con unas razonables nociones de inglés podía entender las letras, además muy bien elegidas, la convirtió en superventas y enseguida superó en fama a su propia madrina, la gran Aretha Franklin, y por supuesto, a su prima Dionne Warwick, aún encasilladas en los géneros del soul y del blues, que, sin embargo, Houston había sido capaz de traspasar sin tener que valerse de traiciones vocales.

Su momento de más fama a todos los niveles le llegó con su papel protagonista en la película El Guardaespaldas, junto a Kevin Costner. A pesar de su mediocre interpretación actoral, la correspondiente banda sonora cuyo tema principal, I will always love you, rompió los techos de las listas de los top musicales fue el momento de más éxito internacional. Sin embargo, constituyó asimismo el punto de inflexión. Su carrera había llegado a lo más alto y, en vez de mantenerse en la cumbre, pronto empezaría a caer. Su excesiva dispersión artística pero, sobre todo, su inestable e incluso tormentosa relación sentimental con el también cantante Bobby Brown, aderezada con alcohol y demás drogas, fueron las causas más visibles de su temprana e indeseada vía de descenso. Hasta el fondo. Nadie lo podía prever, ni siquiera ella misma. Tampoco su madre, Cissy Houston, que solía acompañarla y “vigilarla” para que la feroz industria de la fama y todo lo que la rodea no pudiera devorarla. Años antes, Cissy ya había rechazado un apetecible contrato con una discográfica para que Whitney acabara sus estudios, pero frente al amor no pudo hacer nada. Y para Whitney, Bobby Brown parecía encarnar ese amor que siempre aparecía en sus canciones.

Amor en todas sus variantes y medidas. All at once, Saving all my love for you, I wanna dance with somebody (who loves me), todas hablaban de amor. Fue precisamente el amor más grande de todos el que supo extraer de Whitney lo mejor. El tema titulado The Greatest love of all, compuesto por Michael Masser y Linda Creed y grabado originalmente por el mítico George Benson en 1977 para el filme Muhammad Ali, ya había conseguido un importante éxito entonces, pero en 1985, cuando apareció como el cuarto de los sencillos del álbum de la cantante titulado con su nombre, la canción alcanzó cotas de tal magnitud que el triunfo del LP ha sido catalogado como uno de esos hitos clave para poder entender la música estadounidense de las últimas décadas. Vendió millones de copias en todo el mundo y en su poderosa garganta, las poéticas y filosóficas estrofas de la canción se convirtieron en una bella declaración de intenciones. “No matter what they take from me, they can’t take away my dignity”. Convirtió el tema en himno y ya nadie pudo alegar ignorancia: el amor más grande de todos se encontraba dentro de uno mismo. “Learning to love yourself, it is the greatest love of all”.

Pero, como ella misma declaró en una entrevista después de haber sido rescatada de las calles donde pasó años olvidada, prisionera de las drogas y de la debilidad emocional, dentro de uno mismo también habita el peor de los diablos. Y es inmisericorde.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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