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Y los sindicatos, en Laponia

miércoles 22 de febrero de 2012, 00:54h
Aún resuena la polémica generada por las declaraciones del presidente de la Comisión de Economía y Política Financiera de la CEOE, José Luis Feito –uno de los economistas más prestigiosos que hay en España-, en las que proponía retirar la prestación por desempleo a aquellos parados que rechazasen una oferta de empleo, “aunque fuera en Laponia”. Dejando a un lado la forma de dichas declaraciones -por lo demás, efectuadas en un contexto coloquial y en un tono sumamente respetuoso-,es el fondo en el que realmente hay que fijarse, y ese fondo, en el que el señor Feito tiene toda la razón, no es otro que la precaria situación laboral que vive España: una situación desde la que resulta incomprensible que alguien pueda rechazar hasta tres veces una oferta de trabajo y seguir cobrando el subsidio de desempleo.

Como era de esperar, los sindicatos se han apresurado a criticar las palabras de Feito, al tiempo que seguían sacando pecho por las movilizaciones del pasado fin de semana. En esas movilizaciones se atacaba la reforma laboral emprendida por el Partido Popular, con el argumento de que generaría “más paro”. Lo cierto y verdad es que la destrucción de empleo de estos últimos años no tiene parangón. Superar ampliamente el veinte por ciento de tasa de desempleo -porcentaje que rebasa el cincuenta en el caso de los jóvenes- y acercarse a los seis millones de parados implica que algo no funciona en el actual sistema. Algo, por cierto, que no funciona desde hace décadas y con administraciones de distinto color poítico.

Y tan grave es el problema del desempleo en sí mismo como no hacer nada al respecto. Que es, básicamente, lo que ha sucedido durante las dos últimas legislaturas. Son las rigideces del actual marco laboral los que, en buena medida, han conducido a la actual situación. Urgía, pues, flexibilizar el despido y dinamizar la contratación y formación. Urgía igualmente una actuación más contundente por parte del Ejecutivo en lo que a la negociación colectiva se refiere, herencia ancilar de inspiración netamente mussoliniana. Y resulta imperativo que los sindicatos tomen conciencia de la realidad en la que viven, de la que parecen estar sumamente alejados.
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