El devaluado camino a Europa
lunes 27 de abril de 2009, 00:09h
PSOE y PP calentaban motores este domingo ante las próximas elecciones europeas, que más de uno ve como un plebiscito al gobierno Zapatero. Sea verdad o no, dicho argumento al menos servirá para darle algo de mordiente a una cita electoral tradicionalmente considerada como de perfil bajo. Al igual que los candidatos que a ella concurren. Es curioso que, jugándose España lo que se juega en Europa, todos los partidos políticos sin excepción sitúen en las listas electorales a personajes de segundo nivel, o reliquias del pasado con las que no se sabe muy bien qué hacer. Así las cosas, es lógico que las elecciones europeas sean las que menos atención susciten en lo que se refiere a cifras de participación.
Y la responsabilidad es de las fuerzas políticas, todas por igual. En el marco de la política comunitaria se adoptan decisiones cruciales para el futuro de los estados miembros de la Unión: cada vez más relevantes. En consonancia con ello, a Bruselas deberían ir los primeros espadas de la política española; gente con toda una carrera por delante, que utilizase la eurocámara como trampolín en vez de -como decía recientemente un político español- cementerio de elefantes. Juan Fernando López Aguilar quemó su etapa ministerial con Zapatero y viene de ser derrotado en unas elecciones autonómicas. Por su parte, Jaime Mayor Oreja fue rescatado por Rajoy hace unos meses, en los que al PP le pintaban muy mal las cosas y precisaba de un recuerdo de la etapa de Aznar para recuperar un amplio nicho tradicional de votantes que amenazaban con desertar, descontentos con la permanente indefinición de Génova. En ambos casos, PP y PSOE presentan a dos candidatos sobradamente preparados y con una dilatada experiencia, pero que ya tuvieron sus momento. Si los políticos españoles pretenden que su electorado se movilice, han de ofrecerle algo nuevo. Y lo que hay no lo es.