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El final de la violencia etarra: Matanzas tiene razón

lunes 20 de julio de 2009, 07:40h
Desde que el Gobierno -de acuerdo con la oposición- cerró la vía del diálogo y estrechó el cerco policial contra ETA, la situación se ha vuelto casi irrespirable para la organización terrorista. Así lo reconocía uno de sus puntales jurídicos, el abogado Chema Matanzas, en prisión por colaboración con banda armada. Con independencia de la escasa credibilidad que pueda tener un delincuente de su ralea, lo cierto es que ETA está acusando la presión. Desgraciadamente, sigue matando y extorsionando, porque es lo único que sabe hacer, pero cada vez son más las detenciones y cada vez menos sus atentados y desórdenes callejeros.


El tiempo ha demostrado la eficacia de la actual estrategia, similar a la que tan buen resultado le diera a José María Aznar. El Estado de Derecho no puede sentarse a negociar con delincuentes, porque eso sería tanto como reconocer que la violencia es un método válido para conseguir objetivos políticos, el de los etarras no menos que otros. Ha de luchar contra ellos con el imperio de la ley como principal argumento, hasta ponerlos a todos a disposición de la justicia. En el momento en el que el Gobierno -pese a las reticencias de José Luís Rodríguez Zapatero, entre otros, máximo valedor del diálogo con los terroristas- ha entendido esto, el desánimo ha empezado a cundir entre las filas de ETA. La banda aspira a que el Ejecutivo inicie de nuevo un proceso negociador; ésa sería su única victoria. Pero parece que, finalmente y tras los errores cometidos de todos conocidos, Gobierno y oposición están en que no habrá negociación política. Gobierne quien gobierne. Tiene razón, pues, la lógica de Matanzas, por más que provenga de un terrorista: cerrada esta vía, no hay salida. ETA se queda sin oxígeno político y, si no hay fisuras en el campo democrático, su final es predecible y está cercano.
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